Jesús y los Doce se dirigían a la casa en la que habían sido acogidos. Estaban en una de las aldeas cercanas a Jerusalén. El sol caía: había sido una larga jornada de predicación para el Maestro. Estaba cansado y también sus discípulos: estos caminaban casi arrastrando los pies. Por eso, para animarlos, Jesús les contaba chistes mientras llegaban a su destino.

riqueza-injusta

De improviso, un mendigo se aproximó a los discípulos. Uno de ellos, Simón el cananeo, le preguntó: «¿Qué quieres?». El mendigo contestó: «Tengo hambre. Denme unas monedas para comprar algo de pan». Simón miró a Judas Iscariote, que llevaba la bolsa del dinero. Judas negó con la cabeza y dijo: «Tenemos poco dinero. No podemos ayudarlo».

Gánense amigos con las riquezas injustas

El mendigo estaba a punto de irse cuando se oyó la voz de Jesús: «Detente». El Maestro se le acercó y miró a los discípulos. Estaba serio: no parecía que hasta hace poco estuviera contando chistes. Les dijo: «Gánense amigos con las riquezas injustas, para que cuando estas les falten, ellos los reciban en las moradas eternas». Judas preguntó: «Señor, ¿qué quieres decir con riquezas injustas? ¿Cómo se ganan amigos con ella?».

«Oigan esta parábola —respondió Jesús—. Un hombre tenía un administrador que robaba —Judas, sin querer, comenzó a morderse las uñas. Estaba nervioso—. Se lo dijeron al amo y este le pidió cuentas antes de echarlo. El administrador, entonces, para no quedar en la calle actuó con astucia: fue donde los deudores de su amo y les redujo su deuda. Así, después de que lo echaran, podría cobrar ese favor a los deudores… ¿Saben qué hizo el amo? Felicitó al administrador infiel por su sagacidad».

Quien es fiel en lo poco es fiel en lo mucho

Los discípulos no sabían qué decir: ¿Estaba Jesús aplaudiendo la mala actuación del administrador? Como los veía confundidos, el Maestro concluyó: «Miren. Los hijos de este mundo son sagaces: hacen lo que haga falta para lograr sus objetivos. Ustedes sean astutos, hagan todo lo que esté en sus manos, pero para ir al Cielo. Las riquezas injustas, Judas, son todas aquellas cosas que en el fondo no te dan la felicidad plena: por eso no las conviertas en tu fin. Úsalas, en cambio, como medio para alcanzar la riqueza verdadera: la vida eterna. Es más provechoso compartir el dinero con el mendigo que acumularlo por avaricia».

Jesús nos anima a usar bien los bienes materiales. Quiere que seamos fieles en esto: que no seamos avaros, codiciosos, que no robemos, aunque sea muy poco. «Quien es fiel en lo poco es fiel en lo mucho». Solo quien no se deja dominar por la “riqueza injusta” podrá gozar de la auténtica riqueza: la amistad de Dios, para siempre, en el Cielo.

Texto bíblico base

Lucas 16, 1-13 (leer).

Dios te habla: ¿Lo escuchas?

Antiguo Testamento

Salmo 113 (112) (leer).

Salmo 119 (118), 14 (leer).

Proverbios 23, 4-5 (leer).

Amós 8, 4-7 (leer).

Nuevo Testamento

1 Timoteo 6, 9-10 (leer).

Hebreos 13, 5-6 (leer).

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Me importa el Cielo? ¿Vivo para la eternidad?
  2. ¿Me cuesta compartir? ¿Pongo mis bienes al servicio de los demás?
  3. ¿Vivo con honestidad y transparencia?

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