Cuando Jesús comenzó a predicar, sus seguidores se podían contar con los dedos de las manos. Poco a poco, sin embargo, más gente se fue reuniendo en torno a Él. Tan grande llegó a ser la multitud que lo seguía que da la sensación —cuando uno lee la Biblia— que casi lo aplastaban (lee, por ejemplo, Marcos 5, 31 o Lucas 5, 1-3).

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Sin embargo, llegó la crisis. En el momento en que Jesús afirmó que Él era el Pan de vida y que para alcanzar una vida plena había que comer su carne y su sangre, el Evangelio nos dice que «muchos de sus discípulos lo abandonaron y no siguieron con Él» (Juan 6, 66): les parecía una locura. ¡Jesús fue abandonado! Algunos de sus discípulos se retiraron, se rindieron. Entonces, triste, Jesús pregunta a sus seguidores más cercanos, a los apóstoles: «¿También ustedes quieren marcharse?» (Juan 6, 67). Hoy, Jesús te hace la misma pregunta a ti: ¿También tú quieres irte? ¿También tú te vas a rendir?

¿Cuál es el secreto de la perseverancia? —El Amor

La tentación de abandonar el camino de Cristo siempre puede aparecer. Y a veces creemos que ese abandono está justificado. Los motivos pueden ser varios:

  1. Nos desanima comprobar que en la Iglesia hay gente que predica, pero no práctica;
  2. Nos seducen otros estilos de vida que parecen más realistas y placenteros;
  3. Nos parece que el mensaje de Jesucristo es bonito, pero a la vez inexplicable en algunas cosas;
  4. Pensamos que nosotros somos incapaces de vivir las exigencias del Evangelio, porque nos descubrimos débiles, miserables y pecadores;
  5. Le pedimos algo a Dios en la oración y nunca nos lo concedió…

En fin, ¡se pueden encontrar tantas razones para no perseverar en el seguimiento de Jesús! Resuena entonces la pregunta del Señor: ¿También tú quieres irte?

La perseverancia es la virtud que nos ayuda a responder a Jesús: «¡No! No quiero irme». La perseverancia nos permite continuar en la lucha diaria para corresponder al amor de Dios y para repartir ese amor a los demás, a pesar de las dificultades. Y perseveraremos si somos humildes, pacientes, misericordiosos, sacrificados, generosos, fieles, agradecidos.

Para perseverar, para no rendirse jamás, hay un secreto, que nos reveló un santo del siglo pasado: «¿Cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. –Enamórate y no “le” dejarás» (San Josemaría Escrivá). Quien ama a Cristo nunca se rendirá, venga el problema que venga, y encontrará en Él palabras de vida eterna.

Texto bíblico base

Juan 6, 60-69

Textos Bíblicos de apoyo

Antiguo Testamento

Josué 24, 15-17

Proverbios 3, 11-12

Nuevo Testamento

Lucas 21, 19

2 Tesalonicenses 3, 13

Hebreos 10, 35-36

Hebreos 12, 1-4

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Qué cosas me desaniman para seguir caminando detrás de Jesús?
  2. ¿Me rindo con facilidad cuando aparecen las dificultades o problemas?
  3. ¿En qué facetas de mi vida puedo poner en práctica la virtud de la perseverancia?
  4. ¿Cómo puedo enamorarme más de Jesús para nunca rendirme y abandonarlo?

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