El secreto del éxito

La barca tocó tierra. Jesús y sus discípulos contemplaron la playa vacía. Pedro comentó emocionado: «Y pensar, Maestro, que hasta hace unos minutos miles de personas estaban aquí escuchándote». «¡Todo un éxito! —añadió Tomás—. Yo calculo que había más de cuatro mil». Jesús sonrió y, como si no hubiese oído, dijo: «Vamos a casa a comer y descansar».  

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Acoger la Palabra

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La Palabra de Dios es viva y eficaz. Esa misma palabra omnipotente, que creó todos los seres de la nada, nos interpela hoy para iluminar nuestras tinieblas. Como dice san Ambrosio en su comentario al Salmo 118: La palabra de Dios es toda fuego: purifica, abrasa e ilumina. Leer Más

Riquezas injustas

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Jesús y los Doce se dirigían a la casa en la que habían sido acogidos. Estaban en una de las aldeas cercanas a Jerusalén. El sol caía: había sido una larga jornada de predicación para el Maestro. Estaba cansado y también sus discípulos: estos caminaban casi arrastrando los pies. Por eso, para animarlos, Jesús les contaba chistes mientras llegaban a su destino.

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Maestro de humildad

Cristo entre fariseos

Jesús entró en la casa de uno de los fariseos más ricos de toda la ciudad. Hacía unos días un criado de ese fariseo se había acercado al Maestro y le había transmitido el mensaje: «Rabí Jesús de Nazaret, mi amo te espera el próximo sábado para que vayas a comer a su casa. Mi amo sabe que sueles ir acompañado de tus discípulos, pero te ruega que vayas solo». Y así había sido: Jesús había entrado solo. Leer Más

La mejor decoración navideña

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La casa estaba preciosa. Al entrar por la puerta se veía un gran árbol de Navidad, del que colgaban unas bolas brillantes, rojas y doradas. En la mesita de la sala había soldaditos cascanueces y un Papá Noel sonriente montado en su trineo: parecía que en cualquier momento soltaría un «Jo, jo, jo». En una repisa se encontraban unos angelitos con lucecitas y unos calcetines verdes, estampados con la cara de un reno. Y, en un rincón iluminado, el pesebre: los pastorcitos con sus ovejas, los Reyes Magos, María y José…

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Jesús, ¿a quién quieres que abrace?

Patético: esta palabra podría describir el comportamiento de los apóstoles —y, para qué nos vamos a engañar, el nuestro también— en algunas ocasiones. Jesús les anuncia por segunda vez que lo van a matar y vemos a los discípulos, poco después, discutiendo sobre quién de ellos es el más importante (Marcos 9, 31-34). ¡Qué vergonzosa necedad! La misma que se puede hallar, por ejemplo, en una persona a la que dicen que su padre va a morir y lo primero en lo que piensa es en la herencia… Leer Más

Los que verán a Dios

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Desde pequeños nos han enseñado que Dios es invisible: no lo podemos ver porque es espiritual y no material. Es verdad que hace dos mil años se encarnó, se hizo carne —Jesucristo es Dios hecho hombre— pero poco tiempo después de resucitar, subió a los Cielos. A unas cuantas personas se les ha aparecido, pero somos muchos los que no tenemos ese privilegio.

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El secreto para nunca rendirse

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Cuando Jesús comenzó a predicar, sus seguidores se podían contar con los dedos de las manos. Poco a poco, sin embargo, más gente se fue reuniendo en torno a Él. Tan grande llegó a ser la multitud que lo seguía que da la sensación —cuando uno lee la Biblia— que casi lo aplastaban (lee, por ejemplo, Marcos 5, 31 o Lucas 5, 1-3). Leer Más