El sabor de la eternidad

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Teresa y su hermano Rodrigo se escaparon de la casa. Ninguno de los dos llegaba a los diez años, pero ambos tenían clara su misión: querían ir a una tierra donde los cristianos fueran perseguidos, para morir por Cristo y ganarse rápidamente el Cielo. ¡Niños intrépidos! Para desgracia suya y fortuna nuestra, su tío los encontró antes de conseguir su objetivo. Si no, nos hubiéramos quedado sin conocer a la gran Santa Teresa de Jesús. Leer Más

El secreto para nunca rendirse

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Cuando Jesús comenzó a predicar, sus seguidores se podían contar con los dedos de las manos. Poco a poco, sin embargo, más gente se fue reuniendo en torno a Él. Tan grande llegó a ser la multitud que lo seguía que da la sensación —cuando uno lee la Biblia— que casi lo aplastaban (lee, por ejemplo, Marcos 5, 31 o Lucas 5, 1-3). Leer Más