Vivir para siempre

Fue el sábado más largo de su vida. María Magdalena, Juana y María la de Santiago esperaban ansiosas que pasara el día de reposo que debían observar los judíos para poder visitar el cuerpo de Jesús en el sepulcro. Estaban profundamente abatidas: se habían burlado de su Maestro, lo habían torturado, ¡lo habían asesinado! Querían darle, por eso, una última manifestación de amor: embalsamar su cuerpo magullado y lleno de heridas con perfumes y aromas. Leer Más