El mejor testimonio de la historia

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Los comentarios llegaron a los líderes religiosos del pueblo. Las multitudes acudían al desierto para ver, a orillas del río Jordán, a un hombre llamado Juan, que predicaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Muchos estaban cautivados con su figura; decían que Juan era el Elías que tenía que venir, el Profeta, e incluso algunos afirmaban que él era el Mesías.

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Trigo y cizaña

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El apóstol Mateo contemplaba el inmenso campo de trigo que tenía en frente de él. Dos hombres, recién bautizados, le acababan de decir que estaban escandalizados por el comportamiento de algunos miembros de la comunidad. «Queremos que los expulses —le habían pedido los hombres—. Ellos no viven según lo que enseñó Jesús».

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¡Eres tú!

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Cleofás y su amigo caminaban en dirección a Emaús. Andaban a paso lento, casi arrastrando los pies. Todavía les parecía un sueño, o más bien una pesadilla, lo que había pasado en Jerusalén. Habían crucificado a Jesús de Nazaret y así se había esfumado su esperanza. Cleofás, su amigo y muchos más pensaban que Jesús liberaría a Israel de la opresión política y de la hipocresía religiosa. Leer Más

¿Quieres ser luz para el mundo?

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Jesús le enseñaba a la multitud. Lo escuchaban personas de las más variadas regiones: algunos habían venido de Tiro y Sidón, al norte; otros habían viajado desde Jerusalén, al sur. El Maestro les hablaba de la felicidad verdadera, del amor auténtico. Antes de terminar, les preguntó: «¿Quieren ser buenos testigos de Dios, luz del mundo y sal de la tierra? Aquí les dejo tres claves».

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