El fariseo arrepentido

El joven fariseo sintió las palabras de Jesús como caricia en sus oídos: «Les digo que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos». El nuevo maestro, Jesús de Nazaret, los ponía a él y a sus compañeros fariseos como medida de perfección: ¿acaso era posible que alguien tuviese una justicia mayor que ellos? Leer Más

¿Quieres ser luz para el mundo?

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Jesús le enseñaba a la multitud. Lo escuchaban personas de las más variadas regiones: algunos habían venido de Tiro y Sidón, al norte; otros habían viajado desde Jerusalén, al sur. El Maestro les hablaba de la felicidad verdadera, del amor auténtico. Antes de terminar, les preguntó: «¿Quieren ser buenos testigos de Dios, luz del mundo y sal de la tierra? Aquí les dejo tres claves».

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Los que verán a Dios

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Desde pequeños nos han enseñado que Dios es invisible: no lo podemos ver porque es espiritual y no material. Es verdad que hace dos mil años se encarnó, se hizo carne —Jesucristo es Dios hecho hombre— pero poco tiempo después de resucitar, subió a los Cielos. A unas cuantas personas se les ha aparecido, pero somos muchos los que no tenemos ese privilegio.

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