La gloria que nos espera

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Los discípulos recogían las sobras. Jesús había multiplicado los panes y los peces para más de cinco mil personas y no quería que nada se desperdiciara. Él mismo, después de despedir a la multitud saciada, ayudó a recoger. Estaban cansados, ya era de noche, pero el Maestro se retiró para orar a solas. Los discípulos lo contemplaban. De repente, Jesús se dirigió a ellos y les dijo: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

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Las estrellas de nuestro cielo

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Aquella noche los tres hermanos se encontraban tumbados en el suelo, contemplando las estrellas. Hacía frío, pero lo combatían con una hoguera relumbrante y con sus gruesos ropajes. Los tres eran reyes y cada uno refería a los otros las grandezas de su reino. De un momento a otro, a los sonidos nocturnos se unió el ronquido de dos de los hermanos. El menor, Baltasar, se quedó despierto: le encantaba observar el cielo estrellado. Leer Más