Que nadie se pierda

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Jesús le dice a Nicodemo: «Cuando las serpientes venenosas atacaron a los israelitas en el desierto y suplicaron al Señor, Él mandó fabricar a Moisés una serpiente de bronce y a elevarla sobre un mástil. Todo el que era mordido, si miraba la serpiente de bronce, sanaba y vivía. Te aseguro que así mismo tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.

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Un Dios generoso

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La luna había aparecido ya en el firmamento, aunque todavía estaba claro. Judas Iscariote se sentía agotadísimo: durante toda la jornada, él y los otros discípulos habían acompañado a Jesús a atender a los enfermos que le presentaban. Al ver la luna, Judas se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ya es tarde y estamos en despoblado. Despide a la gente, para que puedan volver a sus casas y coman algo».

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Levántate, no temas

Pedro miró a Santiago y a Juan. Ellos, como respuesta, asintieron con la cabeza. Había llegado el momento. Hacía casi dos meses que Jesús había resucitado; había subido a los Cielos quince días atrás y les había enviado el Espíritu Santo. Pedro carraspeó y dijo: «Muchachos, hay algo que deben saber». Leer Más

La gloria que nos espera

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Los discípulos recogían las sobras. Jesús había multiplicado los panes y los peces para más de cinco mil personas y no quería que nada se desperdiciara. Él mismo, después de despedir a la multitud saciada, ayudó a recoger. Estaban cansados, ya era de noche, pero el Maestro se retiró para orar a solas. Los discípulos lo contemplaban. De repente, Jesús se dirigió a ellos y les dijo: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

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¿Quieres ser luz para el mundo?

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Jesús le enseñaba a la multitud. Lo escuchaban personas de las más variadas regiones: algunos habían venido de Tiro y Sidón, al norte; otros habían viajado desde Jerusalén, al sur. El Maestro les hablaba de la felicidad verdadera, del amor auténtico. Antes de terminar, les preguntó: «¿Quieren ser buenos testigos de Dios, luz del mundo y sal de la tierra? Aquí les dejo tres claves».

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La mejor maestra

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Te acaban de avisar que vas a ser la madre de Dios. Cualquiera diría que te ganaste la lotería. Ya no tendrás que servir, lavar, barrer: ¿quién se atreverá a pedirle eso a la madre del Señor? De ahora en adelante, los demás deberían inclinarse delante de ti: eres, sin duda, uno de los seres humanos más importantes sobre la Tierra. Y, sin embargo, cuando te enteras de que una pariente tuya, ya mayor, está embarazada, sales con prisa adonde ella para servirla, ayudarla, cuidarla… ¿Quién es el insensato, Virgen María, que no se maravilla de tu humildad? Leer Más