Hacia y desde Jesucristo

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En su Primera Carta a los Corintios, San Pablo escribe que él fue «llamado a ser apóstol de Jesucristo». Ciertamente, se tomó en serio su misión. Allí donde iba no se cansaba de hablar de Jesús, hasta tal punto que Santa Teresa de Jesús advierte siglos después: «Miremos al glorioso San Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón» (Libro de la vida 22, 7).

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Diálogo de amor

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Jesús se despidió de Marta y María con un abrazo a cada una. Cuando llegó donde Lázaro se lo quedó mirando por unos segundos; sonrió y le dio un abrazo más fuerte y prolongado que a sus hermanas: «Cuídate, Lázaro. Sé fuerte y vela por María y por Marta». Meses más tarde, Jesús volvería a Betania para resucitar a su amigo.

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El sabor de la eternidad

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Teresa y su hermano Rodrigo se escaparon de la casa. Ninguno de los dos llegaba a los diez años, pero ambos tenían clara su misión: querían ir a una tierra donde los cristianos fueran perseguidos, para morir por Cristo y ganarse rápidamente el Cielo. ¡Niños intrépidos! Para desgracia suya y fortuna nuestra, su tío los encontró antes de conseguir su objetivo. Si no, nos hubiéramos quedado sin conocer a la gran Santa Teresa de Jesús. Leer Más