El fariseo arrepentido

El joven fariseo sintió las palabras de Jesús como caricia en sus oídos: «Les digo que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos». El nuevo maestro, Jesús de Nazaret, los ponía a él y a sus compañeros fariseos como medida de perfección: ¿acaso era posible que alguien tuviese una justicia mayor que ellos? Leer Más

Esperanza

El anciano Simeón vio a la joven pareja entrar en el Templo de Jerusalén. El hombre llevaba una jaula con un par de tortolitas; la mujer cargaba en sus brazos a un pequeñín de cuarenta días de nacido. «Debe ser su primogénito —pensó Simeón— y lo vendrán a…». Una voz interior interrumpió los pensamientos del anciano: «El niño. Es Él, el Cristo del Señor». Leer Más

Vigilantes

Jesus ora en el Huerto

Los discípulos subieron con Jesús al Monte de los Olivos. Estaban acostumbrados a que el Maestro buscara lugares solitarios para rezar, lejos de las multitudes. Tras estar un rato postrado, Jesús se sentó, se llevó las manos a la frente como si estuviera meditando y se quedó en silencio. Los discípulos percibían una intensidad especial en la oración de Jesús, pero no sabían explicar por qué: no se imaginaban, aunque él se lo había adelantado, que en tres días sería entregado para morir en la Cruz. Leer Más

Lo más importante

Sagrada Familia de Barcelona

Los discípulos tenían viva en sus mentes la imagen de Jesús expulsando a los mercaderes del Templo. Sus palabras se les habían quedado grabadas: «Mi casa será casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones». Pocas veces lo habían visto tan enérgico o, por qué no decirlo, enfadado. Leer Más

¿Te rendirás?

joven-orando

El hombre llegó agitado adonde Jesús y sus discípulos. Estaba desesperado. Su hermana pequeña llevaba un mes enferma, postrada en un lecho de paja, y nada auguraba una mejoría. Todo lo contrario… Por eso, cuando escuchó que el famoso Rabí Jesús de Nazaret, hacedor de milagros, estaba en su aldea, salió corriendo a su encuentro. Leer Más

Siervos inútiles

Siervos inútiles

Los apóstoles habían escuchado muchas veces cómo Jesús alababa la fe de algunas personas: la del centurión —«Os digo que en nadie de Israel he encontrado una fe tan grande» (Mateo 8, 10)—; la de la hemorroísa —«Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado» (Mateo 9, 22)—; la de la mujer cananea: «¡Mujer, qué grande es tu fe!» (Mateo 15, 28). Tantas personas creían plenamente en su Maestro, pero ellos, los apóstoles, los más cercanos, notaban que todavía les faltaba confianza. Leer Más

Lo que alegra a Dios

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Aquella tarde Jesús se encontraba en la plaza. En torno a Él se habían reunido personas de toda clase: fariseos bien vestidos y campesinos sudados por la dura jornada; escribas doctos y pescadores analfabetos; publicanos, meretrices y algún que otro extranjero… Todos oían con atención las enseñanzas del Maestro. Leer Más

Maestro de humildad

Cristo entre fariseos

Jesús entró en la casa de uno de los fariseos más ricos de toda la ciudad. Hacía unos días un criado de ese fariseo se había acercado al Maestro y le había transmitido el mensaje: «Rabí Jesús de Nazaret, mi amo te espera el próximo sábado para que vayas a comer a su casa. Mi amo sabe que sueles ir acompañado de tus discípulos, pero te ruega que vayas solo». Y así había sido: Jesús había entrado solo. Leer Más

¿Y Dios qué quiere?

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Mateo y Tomás llegaron a la aldea samaritana. Tocaron la puerta en el primer albergue que encontraron. Un hombre apareció y les preguntó secamente: «¿Qué quieren?». «Hospedaje para trece». «¿Y dónde están los otros?». «Ya están cerca». El hombre se los quedó mirando: «Ustedes son galileos. ¿Hacia dónde van?». Tomás respondió con brusquedad: «A Jerusalén. Pero eso, ¿qué te importa?». Leer Más

Vivir para siempre

Fue el sábado más largo de su vida. María Magdalena, Juana y María la de Santiago esperaban ansiosas que pasara el día de reposo que debían observar los judíos para poder visitar el cuerpo de Jesús en el sepulcro. Estaban profundamente abatidas: se habían burlado de su Maestro, lo habían torturado, ¡lo habían asesinado! Querían darle, por eso, una última manifestación de amor: embalsamar su cuerpo magullado y lleno de heridas con perfumes y aromas. Leer Más