¡Eres tú!

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Cleofás y su amigo caminaban en dirección a Emaús. Andaban a paso lento, casi arrastrando los pies. Todavía les parecía un sueño, o más bien una pesadilla, lo que había pasado en Jerusalén. Habían crucificado a Jesús de Nazaret y así se había esfumado su esperanza. Cleofás, su amigo y muchos más pensaban que Jesús liberaría a Israel de la opresión política y de la hipocresía religiosa. Leer Más

Dídimo

Las mujeres irrumpieron en la habitación donde se escondían los apóstoles: «¡La paz sea con vosotros! ¡Alegraos: el Señor ha resucitado!». Tras el sobresalto, Tomás, uno de los apóstoles, viendo que ninguno se pronunciaba, dijo a las mujeres: «No, no, no… El dolor os hace ver alucinaciones». Leer Más

Paz y alegría

Jesús se aparece a las mujeres, J. Tissot (Museo Brooklyn)

«Esto es absurdo —el soldado se quejaba con uno de sus compañeros—. ¡Custodiar a un muerto por crucifixión! Por lo menos hoy terminaremos con esto…». «Mira, ahí vienen dos mujeres», lo interrumpió el otro soldado. En su rostro se dibujó una sonrisa maliciosa. «Vamos a ver qué quieren». Leer Más

Las lágrimas de Dios

Resurrección de Lázaro

El mensajero fue corriendo hasta Jesús, que hablaba a sus discípulos, y le interrumpió sin miramientos: «Señor, vengo de Betania, de parte de Marta y María. Su hermano Lázaro, tu amigo, está muy enfermo. Se muere». Jesús, apacible, le respondió: «Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios. Tranquilo: gracias por avisarme». Pidió entonces a Judas que le diera dinero al mensajero para que comprara algo de comer. Leer Más

La otra vida

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Un grupo de saduceos se dirigía al Templo en busca de Jesús. Los lideraba un tal Jacob, uno de los hombres más ricos y poderosos de Jerusalén. Jacob estaba realmente inquieto: le habían informado que hacía unos días Jesús de Nazaret había sido aclamado por un grupo numeroso de personas como el Rey que venía en nombre del Señor. Leer Más

Ahora

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Un grupo de fariseos murmuraba sobre Jesús. No podían creer que tanta gente lo siguiera. «¿Sabes que me parece lo peor? —preguntó uno de ellos—. Que algunos de los nuestros lo sigan. ¿Cómo no se dan cuenta de que es un farsante? Amigo de publicanos y prostitutas, borracho y comilón… ¿A qué fariseo le cabe en la cabeza que ese pueda ser el Mesías prometido?». Leer Más

El discípulo desconfiado

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Tomás admiraba a su Maestro. Más aún, lo amaba. Cuando en cierta ocasión Jesús dijo a sus discípulos que quería volver a Judea, algunos le reprocharon: «Hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, y ¿vas a volver allí?» (Juan 11, 8). Tomás, en cambio, fue valiente y exclamó: «Vayamos también nosotros y muramos con él» (Juan 11, 16). ¿No es gran signo de amor no abandonar a su Maestro y querer morir con Él? Leer Más

Vivir para siempre

Fue el sábado más largo de su vida. María Magdalena, Juana y María la de Santiago esperaban ansiosas que pasara el día de reposo que debían observar los judíos para poder visitar el cuerpo de Jesús en el sepulcro. Estaban profundamente abatidas: se habían burlado de su Maestro, lo habían torturado, ¡lo habían asesinado! Querían darle, por eso, una última manifestación de amor: embalsamar su cuerpo magullado y lleno de heridas con perfumes y aromas. Leer Más