¿Entrarás?

Saúl el fariseo apretó los dientes con rabia y lanzó una mirada feroz a Jesús. ¿Quién se creía aquel nazareno para insinuar que los fariseos eran pecadores? «Si fuerais ciegos —había dicho Jesús— no tendrías pecado, pero decís: “Nosotros vemos”; por eso, vuestro pecado permanece». ¿Qué pecado había en ver?, pensaba Saúl. ¿No era más bien al revés, que la ceguera era consecuencia del pecado? Leer Más

¡Eres tú!

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Cleofás y su amigo caminaban en dirección a Emaús. Andaban a paso lento, casi arrastrando los pies. Todavía les parecía un sueño, o más bien una pesadilla, lo que había pasado en Jerusalén. Habían crucificado a Jesús de Nazaret y así se había esfumado su esperanza. Cleofás, su amigo y muchos más pensaban que Jesús liberaría a Israel de la opresión política y de la hipocresía religiosa. Leer Más

Dídimo

Las mujeres irrumpieron en la habitación donde se escondían los apóstoles: «¡La paz sea con vosotros! ¡Alegraos: el Señor ha resucitado!». Tras el sobresalto, Tomás, uno de los apóstoles, viendo que ninguno se pronunciaba, dijo a las mujeres: «No, no, no… El dolor os hace ver alucinaciones». Leer Más

Las lágrimas de Dios

Resurrección de Lázaro

El mensajero fue corriendo hasta Jesús, que hablaba a sus discípulos, y le interrumpió sin miramientos: «Señor, vengo de Betania, de parte de Marta y María. Su hermano Lázaro, tu amigo, está muy enfermo. Se muere». Jesús, apacible, le respondió: «Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios. Tranquilo: gracias por avisarme». Pidió entonces a Judas que le diera dinero al mensajero para que comprara algo de comer. Leer Más

«Déjame ahora»

Juan bautiza a Jesús

No. Imposible. Juan el Bautista se resistía a aceptar la petición de Jesús. «¿Qué yo te bautice? Pero si ni siquiera soy digno de llevarte las sandalias. Más bien, deberías tú bautizarme a mí». Juan, seguro de la verdad de sus palabras, pensó que Jesús le daría la razón. Sin embargo, el Señor calló y se lo quedó mirando. Aquella mirada… Leer Más

Matrimonio en peligro

San José y la Virgen María

José despertó con una sonrisa en los labios: aquel día vería a María. Llevaban ya casi un año desposados: según las costumbres judías, cuando un hombre y una mujer se querían casar, primero tenían lugar los desposorios, en los que se definía un compromiso de unión matrimonial, pero cada uno seguía viviendo en su casa. Después de un año se celebraba el matrimonio y la mujer era conducida a la casa de su esposo. Por eso, la sonrisa de José obedecía a dos motivos: por una parte, estaba feliz de ver a María y, por otra, sabía que estaba ya cerca el día de su matrimonio. Leer Más