Un encuentro definitivo

Andrés corre emocionado. Unas cuantas horas le han bastado para convencerse de que aquel hombre, Jesús de Nazaret, es el Mesías. De repente, alguien se le atraviesa en el camino y Andrés no consigue frenar… caen los dos. Por suerte, es su hermano. Sin gastar tiempo en disculpas, Andrés exclama: «¡Simón, hemos encontrado al Mesías!».

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Lo más importante

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Los fariseos estaban contentos. Sus rivales, los saduceos, habían querido dejar en ridículo a Jesús haciéndole una pregunta capciosa, pero él no había caído en la trampa. «Ya es hora de mostrarles a esos saduceos quiénes son los que valen aquí —dijo uno de los fariseos, maestro de la ley, a sus compañeros—. Ya veréis cómo Jesús no sabrá responder a la pregunta que le voy a plantear».

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El misterio de nuestra fe

Cuánto más debería admirarnos el misterio de un Dios eterno, soberano y trascendente, que se acerca a nosotros para adentrarnos en su vida de conocimiento y amor. Él no es ni una energía impersonal ni una fuerza anónima del universo. El omnipotente y eterno, que ha creado todo lo que existe, se ha hecho inefablemente cercano. Esto es lo insondable de la Eucaristía.
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¡Eres tú!

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Cleofás y su amigo caminaban en dirección a Emaús. Andaban a paso lento, casi arrastrando los pies. Todavía les parecía un sueño, o más bien una pesadilla, lo que había pasado en Jerusalén. Habían crucificado a Jesús de Nazaret y así se había esfumado su esperanza. Cleofás, su amigo y muchos más pensaban que Jesús liberaría a Israel de la opresión política y de la hipocresía religiosa. Leer Más