Lo más importante

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Los fariseos estaban contentos. Sus rivales, los saduceos, habían querido dejar en ridículo a Jesús haciéndole una pregunta capciosa, pero él no había caído en la trampa. «Ya es hora de mostrarles a esos saduceos quiénes son los que valen aquí —dijo uno de los fariseos, maestro de la ley, a sus compañeros—. Ya veréis cómo Jesús no sabrá responder a la pregunta que le voy a plantear».

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Acoger la Palabra

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La Palabra de Dios es viva y eficaz. Esa misma palabra omnipotente, que creó todos los seres de la nada, nos interpela hoy para iluminar nuestras tinieblas. Como dice san Ambrosio en su comentario al Salmo 118: La palabra de Dios es toda fuego: purifica, abrasa e ilumina. Leer Más

¿Por qué hablas en parábolas?

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Desde la barca, Jesús se dirigía a la multitud que lo escuchaba a orillas del Mar de Galilea. El Maestro observaba con atención el rostro de los oyentes. Una mujer, con los ojos bien abiertos, asentía a cada una de sus frases, mientras que, al lado, su marido bostezaba sin disimulo. Una chica, irritada, tenía el ceño fruncido; su hermana, en cambio, miraba perdida hacia el horizonte. Un joven enamoradizo no quitaba la vista de las dos hermanas; un amigo suyo atendía concentrado el discurso del Señor.   

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¡Eres tú!

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Cleofás y su amigo caminaban en dirección a Emaús. Andaban a paso lento, casi arrastrando los pies. Todavía les parecía un sueño, o más bien una pesadilla, lo que había pasado en Jerusalén. Habían crucificado a Jesús de Nazaret y así se había esfumado su esperanza. Cleofás, su amigo y muchos más pensaban que Jesús liberaría a Israel de la opresión política y de la hipocresía religiosa. Leer Más