La oración de los “perritos”

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Los discípulos habían perdido la paciencia. Desde hacía unos diez minutos, una mujer de Canaán los seguía por el camino suplicándole a Jesús que atendiera a su hija. «¡Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está poseída por un demonio», gritaba la mujer. Jesús, sin embargo, parecía ignorarla.

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Un yugo suave

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Los discípulos se habían dado cuenta: Jesús prefería los lugares solitarios para rezar. En varias ocasiones se había escapado a la montaña él solo —a veces con dos o máximo tres— para pasar largas horas en diálogo con Dios. Lo llamaba Abbá, Padre.

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Vigilantes

Jesus ora en el Huerto

Los discípulos subieron con Jesús al Monte de los Olivos. Estaban acostumbrados a que el Maestro buscara lugares solitarios para rezar, lejos de las multitudes. Tras estar un rato postrado, Jesús se sentó, se llevó las manos a la frente como si estuviera meditando y se quedó en silencio. Los discípulos percibían una intensidad especial en la oración de Jesús, pero no sabían explicar por qué: no se imaginaban, aunque él se lo había adelantado, que en tres días sería entregado para morir en la Cruz. Leer Más

Nosotros, pecadores

Vocación de San Mateo

Leví escuchaba junto con los otros discípulos las enseñanzas de Jesús. Hacía unos meses el Maestro se había acercado a la mesa donde él recaudaba impuestos y le había dicho: «Sígueme». Leví, a quien también llamaban Mateo, se había sorprendido: ¿Cómo podía ser que el Maestro Jesús de Nazaret, del que se decía que predicaba con autoridad y que sanaba milagrosamente a enfermos, lo quisiera a él, publicano, como discípulo?

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