Esperanza

El anciano Simeón vio a la joven pareja entrar en el Templo de Jerusalén. El hombre llevaba una jaula con un par de tortolitas; la mujer cargaba en sus brazos a un pequeñín de cuarenta días de nacido. «Debe ser su primogénito —pensó Simeón— y lo vendrán a…». Una voz interior interrumpió los pensamientos del anciano: «El niño. Es Él, el Cristo del Señor». Leer Más