La oración de los “perritos”

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Los discípulos habían perdido la paciencia. Desde hacía unos diez minutos, una mujer de Canaán los seguía por el camino suplicándole a Jesús que atendiera a su hija. «¡Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está poseída por un demonio», gritaba la mujer. Jesús, sin embargo, parecía ignorarla.

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