¡Necesitamos el desierto!

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Jesús acaba de ser bautizado. Al salir del agua, el Espíritu Santo baja sobre Él en forma de paloma y se oye la voz del Padre: «Tú eres mi Hijo, el Amado. En ti me he complacido». Es la presentación perfecta para empezar su vida pública: ¿Quién no escuchará y creerá a quien Dios llama su Hijo amado? Sin embargo, el Espíritu no lo lleva a ninguna plaza para predicar. Lo empuja, en cambio, al desierto. Leer Más

¿Qué clase de rey es este?

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Los soldados se burlaban de Jesús. Le habían puesto encima un manto de púrpura —símbolo de la dignidad real— y, en la cabeza, una corona de espinas. Con una caña, que representaba el cetro real, le pegaban en la cabeza. Una vez. Otra más. También lo abofeteaban y le escupían. Se arrodillaban ante Él y le decían con sorna: «¡Salve, rey de los judíos!». Él, Cristo Rey, callaba. Oraba. Perdonaba. Leer Más