El secreto del éxito

La barca tocó tierra. Jesús y sus discípulos contemplaron la playa vacía. Pedro comentó emocionado: «Y pensar, Maestro, que hasta hace unos minutos miles de personas estaban aquí escuchándote». «¡Todo un éxito! —añadió Tomás—. Yo calculo que había más de cuatro mil». Jesús sonrió y, como si no hubiese oído, dijo: «Vamos a casa a comer y descansar».  

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Trigo y cizaña

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El apóstol Mateo contemplaba el inmenso campo de trigo que tenía en frente de él. Dos hombres, recién bautizados, le acababan de decir que estaban escandalizados por el comportamiento de algunos miembros de la comunidad. «Queremos que los expulses —le habían pedido los hombres—. Ellos no viven según lo que enseñó Jesús».

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Sal y luz

Mar y sol

Los discípulos escuchaban impresionados a Jesús. El Maestro, sentado en la ladera del monte, acababa de pronunciar unas sentencias sorprendentes: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados… Alégrense cuando los persigan, porque su recompensa será grande en los Cielos». ¿Qué clase de enseñanza era esta? ¿Cómo era posible que les exhortara a regocijarse cuando sufrieran persecución por su nombre? ¿Qué esperaba el rabí Jesús de ellos? Leer Más

Los que verán a Dios

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Desde pequeños nos han enseñado que Dios es invisible: no lo podemos ver porque es espiritual y no material. Es verdad que hace dos mil años se encarnó, se hizo carne —Jesucristo es Dios hecho hombre— pero poco tiempo después de resucitar, subió a los Cielos. A unas cuantas personas se les ha aparecido, pero somos muchos los que no tenemos ese privilegio.

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Una vida plena

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Algunas veces nos podemos encontrar con vacíos en nuestras vidas, vacíos que nos inquietan y que no logramos llenar. Nada nos satisface. No sentimos plenitud. Entonces, es el momento de recordar que los cristianos tenemos un alimento que sacia las ansias más fuertes y profundas de nuestro ser: la Eucaristía.

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