La Cruz, gloria nuestra

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Por las tierras de Galilea y de Judea, el nombre de Jesús de Nazaret pasaba de boca en boca. Las gentes comentaban las enseñanzas y los prodigios del nuevo maestro, del que, sin embargo, apenas sabían algo con certeza. Por eso, algunos se aventuraban a afirmar que se trataba de Juan el Bautista, que habría resucitado después de que Herodes lo hubiera mandado a decapitar; otros, en cambio, decían que era el profeta Elías, que tenía que volver antes del Mesías; otros, por su parte, sostenían que era otro de los profetas.

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Effetá

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Se encontraba Jesús en los límites de Galilea cuando le presentaron un hombre sordo, que, además, apenas podía hablar. Quienes acompañaban al enfermo le pidieron al Señor que le impusiera la mano para curarlo, como había hecho ya con tantos otros.

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La vid y los sarmientos

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Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto». Sin que pudieran evitarlo, una pregunta resonó en los corazones de los discípulos: «Y yo, a los ojos de Jesús, ¿qué tipo de sarmiento soy?».

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Fuente de vida eterna

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Juan no lo podía negar: la gente estaba muy entusiasmada con él. Algunos afirmaban incluso que él era el Mesías esperado. Por eso, Juan se vio en la necesidad de aclarar la situación: «Yo no soy el Mesías. Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».

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Un regalo significativo

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María los miraba asombrada. Tres hombres ricamente ataviados, que decían ser Magos de Oriente, estaban a la puerta. Le aseguraban que habían visto aparecer en el cielo la estrella del Rey de los Judíos. «Llegamos a Jerusalén —contaba uno de ellos— pensando que estaría allí, pero Herodes nos dijo que viniéramos a Belén. Al emprender el camino, la estrella que vimos en Oriente reapareció en el firmamento y nos condujo hasta aquí».

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