Arrepiéntete

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Los dos hombres caminaban por el atrio del Templo. Uno era el sumo sacerdote; el otro, uno de los venerables ancianos del pueblo judío. Mientras andaban, se dieron cuenta de que un grupito de personas se había reunido en torno a Jesús, que les enseñaba. En voz alta para que le oyeran, el sumo sacerdote comentó con sorna a su compañero: «¿Te das cuenta? En torno al maestro galileo solo se reúnen publicanos y pecadores». El anciano soltó una carcajada.

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Trigo y cizaña

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El apóstol Mateo contemplaba el inmenso campo de trigo que tenía en frente de él. Dos hombres, recién bautizados, le acababan de decir que estaban escandalizados por el comportamiento de algunos miembros de la comunidad. «Queremos que los expulses —le habían pedido los hombres—. Ellos no viven según lo que enseñó Jesús».

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Maestro de misericordia

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Aquella noche Jesús pasó orando en el Monte de los Olivos. Poco antes de que saliera el sol, fue adonde se hospedaba, se aseó y desayunó un poco. Enseguida se dirigió al Templo: poco a poco, la gente se amontonó a su alrededor para escuchar sus enseñanzas. Jesús, sentado, hablaba con tanto entusiasmo que nadie sospechaba que no había dormido. Precisamente la fuerza y el atractivo de su discurso provenía de ese diálogo prolongado con su Padre la noche anterior. Leer Más

El gran tesoro

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Aquel día, mientras Jesús enseñaba, se presentaron unos con la última noticia del momento: Poncio Pilato, gobernador romano, había mandado a matar a unos galileos mientras ofrecían sacrificios y su sangre se había mezclado con la de los animales sacrificados. ¡Qué muerte tan trágica! Solo un pecador merecía un final tan desastroso. Leer Más