¿Por qué hablas en parábolas?

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Desde la barca, Jesús se dirigía a la multitud que lo escuchaba a orillas del Mar de Galilea. El Maestro observaba con atención el rostro de los oyentes. Una mujer, con los ojos bien abiertos, asentía a cada una de sus frases, mientras que, al lado, su marido bostezaba sin disimulo. Una chica, irritada, tenía el ceño fruncido; su hermana, en cambio, miraba perdida hacia el horizonte. Un joven enamoradizo no quitaba la vista de las dos hermanas; un amigo suyo atendía concentrado el discurso del Señor.   

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El divino Cordero

Aquel grito le salió a Juan de lo más profundo del alma. Daba la impresión de que lo había contenido por mucho tiempo, pero que, llegada la hora, cuando Jesús vino adonde él, no había podido aguantar más, como represa vencida por el agua: «¡Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!». Leer Más