Entrando en el corazón de Dios

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Por las palabras de san Pablo (Rm 13, 8-10) y del Señor (Mt 22, 40) sabemos que el resumen de la Ley de Dios se encuentra en el doble mandamiento de la caridad: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Esta es la cumbre de la vida según el Evangelio y el camino de la Bienaventuranza. Pero tal meta, vivida en perfección, supera las fuerzas del hombre; sólo es posible de alcanzar como fruto de un don de Dios, quien nunca cesa de sanar, curar y transformar el corazón por medio de la gracia.

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El único rey

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A Jesús le costaba respirar. La sangre recorría todo su cuerpo. El dolor que sentía en sus manos y pies era insoportable. Algunos jefes del pueblo, para aumentar su humillación, se burlaban de él: «Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si es verdad que es el Mesías, el elegido». Leer Más

¿Cuál es tu prioridad?

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La muchedumbre caminaba tras Jesús. Él, de vez en cuando, afinaba el oído y escuchaba las conversaciones de quienes lo seguían. De esta manera logró enterarse de las últimas noticias: un famoso negociante había perdido su fortuna y la torre que había mandado a edificar había quedado a medias; el ejército de un nación lejana había sido masacrado porque su rey no se había rendido a tiempo, aun sabiendo que el enemigo los duplicaba… Leer Más

¿Abrazar la Cruz?

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Jesús está reunido con sus discípulos. Sabe que es su última cena juntos. El Señor mantiene la serenidad, pero su mirada refleja también cierta turbación: los hechos que se avecinan estarán cargados de sufrimiento y dolor. Jesús le dice a Pedro: «Simón, Satanás ha pedido permiso para zarandearlos. Yo he rogado por ti, para que no falle tu fe. Por eso, cuando vuelvas a mí, fortalecerás la fe de tus hermanos». Leer Más

Jesús, ¿a quién quieres que abrace?

Patético: esta palabra podría describir el comportamiento de los apóstoles —y, para qué nos vamos a engañar, el nuestro también— en algunas ocasiones. Jesús les anuncia por segunda vez que lo van a matar y vemos a los discípulos, poco después, discutiendo sobre quién de ellos es el más importante (Marcos 9, 31-34). ¡Qué vergonzosa necedad! La misma que se puede hallar, por ejemplo, en una persona a la que dicen que su padre va a morir y lo primero en lo que piensa es en la herencia… Leer Más

Cuando el Papa regañó a Jesús

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Si a ti o a mí nos hubiera tocado elegir al primer Papa, seguramente no hubiéramos elegido a Simón, el hijo de Jonás, pescador de Betsaida. ¿Cómo se le ocurrió a Jesús edificar su Iglesia sobre un hombre de poca fe (Mateo 14, 29-31), bravucón (Mateo 26, 34-35), cobarde (Mateo 26, 69-75) y con instinto asesino (Juan 18, 10)? ¿En qué estaría pensando?

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