Arrepiéntete

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Los dos hombres caminaban por el atrio del Templo. Uno era el sumo sacerdote; el otro, uno de los venerables ancianos del pueblo judío. Mientras andaban, se dieron cuenta de que un grupito de personas se había reunido en torno a Jesús, que les enseñaba. En voz alta para que le oyeran, el sumo sacerdote comentó con sorna a su compañero: «¿Te das cuenta? En torno al maestro galileo solo se reúnen publicanos y pecadores». El anciano soltó una carcajada.

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La sed del Mesías

La mujer llegó jadeando al pozo. Era mediodía. El sol resplandecía y calentaba sin clemencia. Para sorpresa de la mujer, un hombre con aspecto cansado se sentaba en el pozo; tenía el rostro bañado en sudor. Ella fingió no haberlo visto, pero él le suplicó: «Dame de beber». Leer Más

El Precursor

Jesu y Juan Bautista

Juan llevaba varias semanas en la cárcel. Herodes, tetrarca de Galilea, lo había mandado apresar ante la insistencia de Herodías, que no soportaba escuchar que Juan, una y otra vez, les advertía que su unión no era lícita. Herodías, en efecto, estaba casada realmente con Filipo, hermano de Herodes, pero buscando una mejor posición social se había unido con el tetrarca de Galilea. Leer Más

Ahora

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Un grupo de fariseos murmuraba sobre Jesús. No podían creer que tanta gente lo siguiera. «¿Sabes que me parece lo peor? —preguntó uno de ellos—. Que algunos de los nuestros lo sigan. ¿Cómo no se dan cuenta de que es un farsante? Amigo de publicanos y prostitutas, borracho y comilón… ¿A qué fariseo le cabe en la cabeza que ese pueda ser el Mesías prometido?». Leer Más

El gran tesoro

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Aquel día, mientras Jesús enseñaba, se presentaron unos con la última noticia del momento: Poncio Pilato, gobernador romano, había mandado a matar a unos galileos mientras ofrecían sacrificios y su sangre se había mezclado con la de los animales sacrificados. ¡Qué muerte tan trágica! Solo un pecador merecía un final tan desastroso. Leer Más