Palabras de espíritu y vida

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Judas, inquieto, contemplaba a Jesús. ¿Acaso el Maestro no se daba cuenta de que sus palabras resultaban difíciles de aceptar para la multitud? ¿A qué venía esa insistencia en decir que debían comer la carne y beber la sangre del Hijo del hombre para tener vida? Si seguía con ese discurso, ¡perderían a los nuevos discípulos!

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Horizonte de vida

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Jesús oía el murmullo de la multitud que lo rodeaba. Desde que había afirmado que Él era el pan bajado del cielo, varios de los que lo escuchaban comenzaron a hacer gestos de desaprobación. Comentaban entre sí: «¿Cómo puede decir este que ha bajado del cielo? ¿Acaso no es el hijo de José? Conocemos a su padre y a su madre».

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Corazón de pastor

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Después de predicar en las aldeas a las que Jesús los había enviado, los apóstoles volvieron a reunirse con Él. Uno tras otro, le contaron a Jesús todo lo que habían hecho y enseñado. El Maestro los escuchaba complacido, con una sonrisa, que de vez en cuando desaparecía cuando le hablaban de algún enfermo o endemoniado con que se habían encontrado.

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Talante misionero

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Jesús llamó a los doce apóstoles, los reunió en torno a Él y les dijo: «Habéis visto como he ido predicando el Reino de Dios y la conversión en los distintos pueblos. Ahora os envío a vosotros, de dos en dos, para que hagáis lo mismo. No tengáis miedo, ni siquiera a los espíritus inmundos: os doy autoridad sobre ellos».

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La Ascensión del Señor

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Los once apóstoles se encontraban reunidos en torno a la mesa. A pesar de que algunas mujeres les aseguraban que Jesús había resucitado y que se les había aparecido, ellos no les creían. Entonces, se presentó Jesús en medio de ellos y les echó en cara su dureza de corazón, por no creer a quienes le habían visto.

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Que nadie se pierda

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Jesús le dice a Nicodemo: «Cuando las serpientes venenosas atacaron a los israelitas en el desierto y suplicaron al Señor, Él mandó fabricar a Moisés una serpiente de bronce y a elevarla sobre un mástil. Todo el que era mordido, si miraba la serpiente de bronce, sanaba y vivía. Te aseguro que así mismo tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.

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Un regalo significativo

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María los miraba asombrada. Tres hombres ricamente ataviados, que decían ser Magos de Oriente, estaban a la puerta. Le aseguraban que habían visto aparecer en el cielo la estrella del Rey de los Judíos. «Llegamos a Jerusalén —contaba uno de ellos— pensando que estaría allí, pero Herodes nos dijo que viniéramos a Belén. Al emprender el camino, la estrella que vimos en Oriente reapareció en el firmamento y nos condujo hasta aquí».

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