Mi gloria es el amor

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Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará…». Si algo movió a Jesús a lo largo de su vida terrena, eso fue buscar la gloria de su Padre. Al mismo tiempo, Dios Padre siempre tuvo y siempre ha tenido la firme voluntad de glorificar a Jesús. Nos sumergimos en el misterio de la mutua glorificación entre el Padre y el Hijo.

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Los diez leprosos se encontraban a las afueras de Engannim, una población situada en la frontera entre Samaría y Galilea. De los diez, nueve eran judíos y uno samaritano. Lo normal hubiera sido que este último no estuviera con los otros nueve: tanta era la antipatía que existía entre judíos y samaritanos. Sin embargo, la experiencia común de la enfermedad y de la exclusión los unía y podía más que cualquier resentimiento de raza. Leer Más