«Déjame ahora»

Juan bautiza a Jesús

No. Imposible. Juan el Bautista se resistía a aceptar la petición de Jesús. «¿Qué yo te bautice? Pero si ni siquiera soy digno de llevarte las sandalias. Más bien, deberías tú bautizarme a mí». Juan, seguro de la verdad de sus palabras, pensó que Jesús le daría la razón. Sin embargo, el Señor calló y se lo quedó mirando. Aquella mirada… Leer Más

Matrimonio en peligro

San José y la Virgen María

José despertó con una sonrisa en los labios: aquel día vería a María. Llevaban ya casi un año desposados: según las costumbres judías, cuando un hombre y una mujer se querían casar, primero tenían lugar los desposorios, en los que se definía un compromiso de unión matrimonial, pero cada uno seguía viviendo en su casa. Después de un año se celebraba el matrimonio y la mujer era conducida a la casa de su esposo. Por eso, la sonrisa de José obedecía a dos motivos: por una parte, estaba feliz de ver a María y, por otra, sabía que estaba ya cerca el día de su matrimonio. Leer Más

Vigilantes

Jesus ora en el Huerto

Los discípulos subieron con Jesús al Monte de los Olivos. Estaban acostumbrados a que el Maestro buscara lugares solitarios para rezar, lejos de las multitudes. Tras estar un rato postrado, Jesús se sentó, se llevó las manos a la frente como si estuviera meditando y se quedó en silencio. Los discípulos percibían una intensidad especial en la oración de Jesús, pero no sabían explicar por qué: no se imaginaban, aunque él se lo había adelantado, que en tres días sería entregado para morir en la Cruz. Leer Más

Nosotros, pecadores

Vocación de San Mateo

Leví escuchaba junto con los otros discípulos las enseñanzas de Jesús. Hacía unos meses el Maestro se había acercado a la mesa donde él recaudaba impuestos y le había dicho: «Sígueme». Leví se había sorprendido: ¿Cómo podía ser que el Maestro Jesús de Nazaret —del que se decía que predicaba con autoridad y que sanaba milagrosamente a enfermos— lo quisiera a él, publicano, como discípulo? Leer Más

Felicidad en juego

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Los discípulos habían oído la parábola de Jesús. El Maestro no podía ser más claro: no debían poner su confianza en los bienes materiales. Ellos comprendían, pero a la vez se interrogaban preocupados: «Y si falta la comida, ¿qué? ¿Y la salud? ¿Y un techo para resguardarse?». Sin embargo, ninguno se atrevía a expresar sus inquietudes. Leer Más

La mejor decoración navideña

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La casa estaba preciosa. Al entrar por la puerta se veía un gran árbol de Navidad, del que colgaban unas bolas brillantes, rojas y doradas. En la mesita de la sala había soldaditos cascanueces y un Papá Noel sonriente montado en su trineo: parecía que en cualquier momento soltaría un «Jo, jo, jo». En una repisa se encontraban unos angelitos con lucecitas y unos calcetines verdes, estampados con la cara de un reno. Y, en un rincón iluminado, el pesebre: los pastorcitos con sus ovejas, los Reyes Magos, María y José…

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