El fariseo arrepentido

El joven fariseo sintió las palabras de Jesús como caricia en sus oídos: «Les digo que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos». El nuevo maestro, Jesús de Nazaret, los ponía a él y a sus compañeros fariseos como medida de perfección: ¿acaso era posible que alguien tuviese una justicia mayor que ellos? Leer Más

Sal y luz

Mar y sol

Los discípulos escuchaban impresionados a Jesús. El Maestro, sentado en la ladera del monte, acababa de pronunciar unas sentencias sorprendentes: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados… Alégrense cuando los persigan, porque su recompensa será grande en los Cielos». ¿Qué clase de enseñanza era esta? ¿Cómo era posible que les exhortara a regocijarse cuando sufrieran persecución por su nombre? ¿Qué esperaba el rabí Jesús de ellos? Leer Más

El Precursor

Jesu y Juan Bautista

Juan llevaba varias semanas en la cárcel. Herodes, tetrarca de Galilea, lo había mandado apresar ante la insistencia de Herodías, que no soportaba escuchar que Juan, una y otra vez, les advertía que su unión no era lícita. Herodías, en efecto, estaba casada realmente con Filipo, hermano de Herodes, pero buscando una mejor posición social se había unido con el tetrarca de Galilea. Leer Más

La otra vida

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Un grupo de saduceos se dirigía al Templo en busca de Jesús. Los lideraba un tal Jacob, uno de los hombres más ricos y poderosos de Jerusalén. Jacob estaba realmente inquieto: le habían informado que hacía unos días Jesús de Nazaret había sido aclamado por un grupo numeroso de personas como el Rey que venía en nombre del Señor. Leer Más

Siervos inútiles

Siervos inútiles

Los apóstoles habían escuchado muchas veces cómo Jesús alababa la fe de algunas personas: la del centurión —«Os digo que en nadie de Israel he encontrado una fe tan grande» (Mateo 8, 10)—; la de la hemorroísa —«Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado» (Mateo 9, 22)—; la de la mujer cananea: «¡Mujer, qué grande es tu fe!» (Mateo 15, 28). Tantas personas creían plenamente en su Maestro, pero ellos, los apóstoles, los más cercanos, notaban que todavía les faltaba confianza. Leer Más

Maestro de humildad

Cristo entre fariseos

Jesús entró en la casa de uno de los fariseos más ricos de toda la ciudad. Hacía unos días un criado de ese fariseo se había acercado al Maestro y le había transmitido el mensaje: «Rabí Jesús de Nazaret, mi amo te espera el próximo sábado para que vayas a comer a su casa. Mi amo sabe que sueles ir acompañado de tus discípulos, pero te ruega que vayas solo». Y así había sido: Jesús había entrado solo. Leer Más

El loco de la plaza

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El sacerdote observaba desde la ventana de la casa cural la plaza del pueblo. Estaba casi vacía. ¿A quién podría ocurrírsele, con el sol del medio día, sentarse en una de las bancas de la plaza? ¿Quién podría soportar tanto calor? Pues allí estaba Franky, con su gorra puesta, hablándole al vacío. «Loco tenía que ser», pensó el cura. Leer Más

¿Te quedaste sin aliento?

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El callejón estaba muy oscuro. Era noche de luna llena, pero unas nubes densas la cubrían por completo. Carlos andaba con paso rápido para llegar lo más pronto posible a su casa. Tenía miedo. Pensaba: «Ya solo falta el callejón, a la derecha, cuatro casas y listo». De repente, oyó un ruido a sus espaldas. Giró un poco la cabeza y vio la sombra de un hombre alto. Justo en ese momento, las nubes descorrieron su velo y el brillo de la luna se reflejó en el cuchillo que agarraba el hombre. Carlos comenzó a correr.

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