Entrando en el corazón de Dios

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Por las palabras de san Pablo (Rm 13, 8-10) y del Señor (Mt 22, 40) sabemos que el resumen de la Ley de Dios se encuentra en el doble mandamiento de la caridad: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Esta es la cumbre de la vida según el Evangelio y el camino de la Bienaventuranza. Pero tal meta, vivida en perfección, supera las fuerzas del hombre; sólo es posible de alcanzar como fruto de un don de Dios, quien nunca cesa de sanar, curar y transformar el corazón por medio de la gracia.

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Acoger la Palabra

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La Palabra de Dios es viva y eficaz. Esa misma palabra omnipotente, que creó todos los seres de la nada, nos interpela hoy para iluminar nuestras tinieblas. Como dice san Ambrosio en su comentario al Salmo 118: La palabra de Dios es toda fuego: purifica, abrasa e ilumina. Leer Más

El misterio de nuestra fe

Cuánto más debería admirarnos el misterio de un Dios eterno, soberano y trascendente, que se acerca a nosotros para adentrarnos en su vida de conocimiento y amor. Él no es ni una energía impersonal ni una fuerza anónima del universo. El omnipotente y eterno, que ha creado todo lo que existe, se ha hecho inefablemente cercano. Esto es lo insondable de la Eucaristía.
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Cristo, revelador del Padre

A través de los ojos de Jesucristo, el Unigénito del Padre, nos adentramos en las profundidades de Dios. Sus palabras nos llevan a contemplar el misterio de la Santísima Trinidad. Consideremos tres ideas: el Hijo ha sido enviado; es la luz de los hombres; y en Él nos es concedida la vida eterna. Leer Más