En su Primera Carta a los Corintios, San Pablo escribe que él fue «llamado a ser apóstol de Jesucristo». Ciertamente, se tomó en serio su misión. Allí donde iba no se cansaba de hablar de Jesús, hasta tal punto que Santa Teresa de Jesús advierte siglos después: «Miremos al glorioso San Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón» (Libro de la vida 22, 7).

El Salvador, Taller de Giovanni Bellini, finales del siglo XV (Museo del Prado)

La esencia del cristianismo es una persona: Jesucristo. Benedicto XVI lo expresó magistralmente: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Deus caritas est, 1).

De otra manera lo dice el santo obispo salvadoreño Óscar Romero: «El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una Persona que me amó tanto que reclama mi amor. El cristianismo es Cristo» (Homilía, 6 de noviembre de 1977).

Cuando nos acercamos al Evangelio, nuestra mirada es dirigida hacia Jesucristo. De forma evidente es lo que hace San Juan Bautista: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo… Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel… He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él… Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios». Juan no llama la atención sobre sí, sino que pide fijar la mirada en Jesús.

Incluso el Antiguo Testamento centra nuestros ojos en Jesucristo. A través de prefiguraciones, como la del Siervo del Señor en el libro de Isaías, nos vemos conducidos hasta el mismo Cristo. Por medio del profeta, Dios Padre da testimonio de Jesús: «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra» (Isaías 49, 6).

La vida cristiana es un continuo ir hacia y desde Jesucristo. «Ir hacia Jesucristo» para encontrarse con Él, tratarlo, conocerlo y amarlo más. E «ir desde Jesucristo» para anunciarlo a los demás, con las palabras y, sobre todo, con las obras.

LECTURAS DE LA SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Leer

Primera lecturaIsaías 49, 3. 5-6
SalmoSalmo 40 (39)
Segunda lectura1 Corintios 1, 1-3
EvangelioJuan 1, 29-34

PREGUNTAS PARA MEDITAR Y ORAR

1. ¿Con qué frecuencia pienso en Jesús y hablo de Jesús?

2. ¿He tenido un encuentro personal con Jesucristo que me haya marcado la vida?

3. ¿Cuáles son mis lugares de encuentro con Jesús?

2 comentarios en “Hacia y desde Jesucristo

  1. Señor Jesús, mi Rey y mi Dios, te pido que LIMPIES Y LIBERES, mi corazón ♥ manchado por el pecado, para poder ser una verdadera cristiana que dé testimonio de ti y de tu gran amor.

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