Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Jesús se adentra en el desierto. Va lleno del Espíritu Santo y guiado por el Espíritu Santo. Las batallas contra el diablo no se pueden ganar sin el Espíritu Santo.

Cristo en el desierto, Iván Kramskoi, 1872 (Tretyakov Gallery)

Jesús ayuna. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. ¡Por supuesto! ¿Quién pensó que la batalla no desgasta? ¿Quién pensó que los sacrificios no cuestan? Y, sin embargo, ¿no es verdad que nos quejamos por las contrariedades que aparecen cuando luchamos por el bien? Justo ahí, en ese momento de mayor fatiga o debilidad, es cuando ataca el diablo. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan».

El cuerpo de Jesús está necesitado de alimento. El diablo le propone satisfacer su necesidad corporal haciendo un milagro. Pero Jesús no usará su poder en provecho propio. Él está lleno del Espíritu Santo: ni el pan ni el egoísmo podrían llenarlo de la misma manera. Jesús le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”». El hombre vive la vida verdadera por el Espíritu Santo.

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». El ataque del diablo se intensifica: parece reconocer que la «tentación del pan» ha sido una vulgaridad; debe tentar, pues, con cosas más «sofisticadas»: si antes ha probado con lo material, ahora lo hace con lo espiritual. Le promete a Jesús la gloria y el imperio.

Jesús ha venido a reinar, pero no quiere un reino lleno de gloria falsa ni de despotismo diabólico: Él quiere un reino «lleno del Espíritu Santo». Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

Llega la última batalla. Entonces el diablo lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”». El diablo ataca con la mismísima palabra de Dios: imagina que Jesús ya no podrá oponer resistencia. ¿Podría la Palabra hecha carne rechazar las Escrituras divinas?

Jesús está lleno del Espíritu Santo. En cambio, las Escrituras sin el Espíritu son letra muerta. El diablo se disfraza de luz y de verdad, citando las Escrituras, pero sus palabras están muertas. Quien está lleno del Espíritu Santo sabe reconocer cuándo las Escrituras están vivificadas por Espíritu y cuándo, lastimosamente, son utilizadas con intenciones torcidas. Por eso, respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión. No contaba con el arma secreta de Jesús: estar lleno del Espíritu Santo.

LECTURAS DEL I DOMINGO DE Cuaresma

Leer

Primera lecturaDeuteronomio 26, 4–10
SalmoSalmo 91 (90)
Segunda lecturaRomanos 10, 8-13
EvangelioLucas 4, 1-13

PREGUNTAS PARA MEDITAR Y ORAR

1. ¿Tengo presente que soy templo del Espíritu Santo? ¿Tengo trato con Él en mi oración?

2. ¿Cuáles son mis luchas y tentaciones «corporales»? ¿Y mis luchas y tentaciones «espirituales»?

3. ¿Me he propuesto que esta no sea una Cuaresma más? ¿He leído el mensaje del Papa Francisco?

Un comentario en “El arma secreta

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