Aunque muchas personas seguían a Jesús, no todas lo hacían del mismo modo. En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. El Evangelio distingue tres grupos: «los Doce», «un grupo grande de discípulos» y «una gran muchedumbre del pueblo». ¿Qué diferencias había entre ellos?

El Sermón de la Montaña (detalle), Henrik Olrik (Iglesia de San Mateo, Copenhague)

Los Doce habían sido llamados por el mismo Jesús para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar. Eran su círculo más cercano, sus más íntimos, a quien el Señor instruyó con especial cuidado, con vistas a la misión que luego les encomendaría. Por otra parte, los discípulos eran todos aquellos que, entusiasmados por la figura del Maestro, lo seguían con fe para escuchar y vivir sus enseñanzas. Por último, la muchedumbre se acercaba a Jesús como lo haría con cualquier otro personaje famoso, quizá atraídos por la curiosidad.

Jesús no se desentiende de las multitudes, pero fija su mirada sobre todo en quienes acuden a Él no por intereses torcidos, sino con fe. A estos últimos, les revela los misterios del Reino de Dios. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:

«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas».

El Maestro abre el horizonte a sus discípulos. Quienes siguen a Jesús deben aspirar, sobre todo, al Cielo, sin poner su alegría y seguridad en los bienes de la tierra. Cuando voy detrás del Señor poniéndole condiciones significa que son esas «condiciones» las que juegan el papel de Dios en mi vida. Pero como en realidad esas condiciones son «dioses falsos», al final, nos dejan vacíos y decepcionados.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

LECTURAS DEL VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Leer

Primera lecturaJeremías 17, 5-8
SalmoSalmo 1
Segunda lectura1 Corintios 15, 12. 16-20
EvangelioLucas 6, 17. 20-26

PREGUNTAS PARA MEDITAR Y ORAR

1. ¿Con qué grupo me siento identificado: con «los Doce», «los discípulos» o «la muchedumbre»?

2. ¿Las enseñanzas de Jesús configuran mi modo de pensar y de actuar? ¿Soy cristiano de mente y corazón?

3. ¿Con qué frecuencia pienso en el Cielo? ¿Espero con alegría el encuentro definitivo con Jesús?

3 comentarios en “Con el corazón en el Cielo

  1. Me identifico con los discípulos, aprendo de JESÚS Maestro para después llevarlo a los más necesitados de su palabra. Para ganar personas que sigan a JESÚS. Ni en el extremo de los doce, ni en el extremo de la muchedumbre sino en el centro: los discípulos para aprender cada día del Maestro.

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    1. Señor Jesús, Tú sabes que desde lo más profundo de mi corazón, quiero entregarte lo mejor de mí, para para tener la dulce esperanza de estar lo más que pueda, cerca de Ti. Saca de mi vida todo aquello que me roba la gracia, de apartar mi corazón de tu Amor. Amen

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