Los soldados llevaron a Jesús al pretorio y lo presentaron ante Pilato. Este interrogó a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».

La Coronación de espinas, Anton Van Dyck, 1618-1620 (Museo del Prado)

El Señor no responde directamente a la pregunta del procurador romano; todo lo contrario, es Él quien cuestiona a Pilato. Antes de afirmar su realeza —que podría significar una sentencia inmediata de muerte, porque lo considerarían el cabecilla de una rebelión—, Jesús quiere llevar a su interlocutor a actuar con libertad: que no juzgue simplemente por lo que dicen otros, sino por su propia reflexión. Con este gesto, el Señor evidencia que su reinado no suprime la libertad; el Reino de Dios es un reino de libertad, para personas que quieren vivir la «libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Romanos 8, 21).

Lastimosamente, el procurador romano no asume su libertad y descarga toda responsabilidad en los otros. Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».

Después de poner a Pilato frente a su propia libertad, Jesús admite, ahora sí, que está en posesión de un reino. Pero aclara en primer lugar: «Mi reino no es de este mundo»; esto es, el reinado de Cristo no tiene origen en intereses mundanos. A Jesús no lo mueven propósitos de conquista territorial o el deseo de unas estadísticas deslumbrantes; el Reino que Jesucristo quiere implantar en la tierra obedece a otros motivos, que no tarda en revelar al procurador romano.

Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Cristo quiere reinar, sobre todo, en el corazón de los hombres, allí donde ellos pueden escuchar la verdad sobre Dios, sobre sí mismos y sobre el mundo. «¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?» (Mateo 16, 26): ¿De que le serviría a Cristo reinar en las estructuras de la política internacional, si su voz —la voz de la Verdad— no es oída en el corazón de los hombres?

Cristo es Rey: su Corazón reina en todos los corazones que, desprendidos de intereses mundanos, están dispuestos a abrazar libremente la Verdad.

LECTURAS DE la solemnidad de jesucristo, rey del universo

Leer

Primera lecturaDaniel 7, 13-14
SalmoSalmo 93 (92)
Segunda lecturaApocalipsis 1, 5-8
EvangelioJuan 18, 33b-37

PREGUNTAS PARA MEDITAR Y ORAR

1. ¿Comprendo la importancia de la libertad personal? ¿Soy responsable de mis acciones? ¿Tiendo a culpar a los demás?

2. ¿Examino delante de Dios las intenciones con las que actúo? ¿Rectifico mis intenciones cuando es necesario?

3. ¿Soy sincero y honesto? ¿Me dejo llevar por el relativismo? ¿Amo la Verdad, que es Cristo mismo?

Un comentario en “Reino de libertad y verdad

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s