Se acerca la Pascua de los judíos y Jesús sube a Jerusalén. Cuando entra en el Templo, el ruido le resulta insoportable: de un lado, los gritos de los vendedores de bueyes, ovejas y palomas; del otro, el tintineo de las monedas de los cambistas. A Jesús le hierve la sangre. Hace un azote de cordeles, y arrea a ovejas y bueyes; a los cambistas les esparce las monedas y les vuelca las mesas; y a los que venden palomas les dice: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Expulsión de los mercaderes del Templo, Francesco Bassano, 1585 (Museo del Prado, Madrid)

Entonces, se acercan algunos judíos y le preguntan: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús les responde: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos le replican: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Ni se les ocurre que Jesús se ha referido, en realidad, a su resurrección.

Los discípulos han contemplado atónitos toda la escena. Tampoco comprenden el sentido de las palabras de Jesús, pero las retienen muy bien en su memoria. Sí han entendido, en cambio, la expulsión de los mercaderes del Templo. Días atrás, habían estado rezando y cantando con el Maestro el salmo que dice: «El celo de tu Casa me devora».

Durante los días que Jesús permanece en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creen en su nombre al ver los signos que hace. Jesús, sin embargo, no se fiaba de algunos de los que decían creer en Él, porque los conocía a todos y sabía lo que había realmente en sus corazones.

Texto del evangelio

Juan 2, 13-25 (leer).

Lecturas del III Domingo de Cuaresma

Leer

Primera lectura: Éxodo 20, 1-17. No tendrás otros dioses frente a mí.

Salmo 19 (18), 8-11. El temor del Señor es puro y eternamente estable.

Segunda lectura: 1 Corintios 1, 22-25. Predicamos a Cristo crucificado, fuerza y sabiduría de Dios

Ecos de la Palabra de Dios

Ezequiel 36, 23-27 (leer). De todas vuestras impurezas os purificaré.

Salmo 69 (68), 10 (leer). Me devora el celo de tu Casa.

1 Corintios 3, 16-17 (leer). ¿No sabéis que sois templo de Dios?

Preguntas para meditar y orar

1. ¿Cómo trato las cosas relacionadas con Dios? ¿Les doy todo el valor que tienen?

2. ¿Tengo una fe sincera? ¿Me doy cuenta que a Dios no lo puedo engañar?

3. ¿Qué implica que mi cuerpo sea templo del Espíritu Santo?

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