El Espíritu empuja a Jesús al desierto. Aridez, soledad, silencio. Durante cuarenta días, Jesús ayuna y permanece en oración. Son las armas que emplea frente a las tentaciones de Satanás.

Jesús tentado en el desierto, James Tissot, 1894 (Brooklyn Museum)

El tentador está deslumbrado. Intuye la grandeza de Jesús, percibe que no se encuentra ante alguien cualquiera; y, sin embargo, le confunde verlo vivir en medio de las bestias y fieras del desierto. Satanás busca un indicio, algo que delate la identidad de Jesús. Lo tienta hasta con las mismas Escrituras, pero nada consigue que se incline ante él, ni la promesa de comodidad, ni la falsas seguridades ni todo el poder del mundo.

Entonces, cuando el tentador se retira, los ángeles de la corte celestial comienzan a servir a Jesús. Aquellos seres de los que la Escritura dice que viven en continua alabanza a Dios, al ponerse al servicio de Jesús, reconocen su señorío: están ante su Dios, que se ha hecho hombre por la salvación de los hombres.

Terminados los cuarenta días en el desierto, tras enterarse de que Juan el Bautista había sido apresado, Jesús se marcha a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Jesús, después de ser bautizado, ayunó en solitario durante cuarenta días. Así nos enseñó con su ejemplo que, una vez recibido el perdón de los pecados mediante el bautismo, con vigilia, ayunos y oraciones, debemos prepararnos para evitar que, mientras somos torpes o menos prontos, vuelva el espíritu inmundo que había sido expulsado de nuestro corazón

San Beda el Venerable

Evangelio del I Domingo de Cuaresma

Marcos 1, 12-15 (leer).

Lecturas del I Domingo de Cuaresma

Leer

Primera lectura: Génesis 9, 8-15. Establezco mi alianza con vosotros.

Salmo 25 (24), 4-10. Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.

Segunda lectura: 1 Pedro 3, 18-22. Aquello era también un símbolo del bautismo.

Otras citas bíblicas para meditar

Salmo 91 (90), 15-16 (leer). Me llamará y le responderé.

Isaías 55, 7 (leer). Deje el malo su camino.

Oseas 2, 16 (leer). Llevaré a mi pueblo al desierto y le hablaré al corazón.

Preguntas para orar

1. ¿De qué maneras voy a acompañar a Jesús durante la cuaresma?

2. ¿Cuáles son mis tentaciones? ¿De qué manera las enfrento: con humildad, con miedo…?

3. ¿Me reconozco necesitado de conversión? ¿Cómo puedo crecer en mi vida como cristiano?

Un comentario en “Entre bestias y ángeles

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