El leproso se acerca a Jesús y se postra frente a Él. De rodillas, le suplica: «Si quieres, puedes limpiarme». Al oír la petición humilde del hombre, el corazón de Jesús se conmueve. Entonces, extiende la mano y, asintiendo, lo toca y dice: «Quiero: queda limpio».

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Cristo sanando al leproso, Georg Pencz, 1535 (The Metropolitan Museum of Art)

El hombre ve que la lepra desaparece inmediatamente de su piel; ha quedado limpio por completo. Intenta agradecer a Jesús, pero de su boca solo logran salir unos cuantos balbuceos. Jesús lo mira y, con sus ojos, le hace comprender que acepta su agradecimiento. Luego, con rostro serio, le dice: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

El hombre sigue de rodillas. Contempla a Jesús con profunda admiración y reverencia. Advierte que a Él no le interesa ganar fama por el milagro que acaba de hacer; solamente se preocupa por su bien. Por eso, le ha mandado revelar su curación solamente al sacerdote; así, este lo podrá declarar puro y podrá reintegrarse a la comunidad de la que estaba apartado por su enfermedad.

Al retirarse, sin embargo, el hombre no puede contener su alegría: empieza a pregonar bien alto y a divulgar que Jesús lo ha curado.

La fama de Jesús crecía de tal modo que ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a Él de todas partes.

Se pregunta uno con razón cómo no pudo permanecer en secreto ni por una hora lo que mandó el Señor que no se dijera a nadie. Es de notar que se divulgó el milagro que había hecho y que mandó no decir a nadie, para que sus elegidos sigan el ejemplo dado en esta doctrina, ocultando voluntariamente las grandes cosas que hagan, pero para que sean divulgadas, aunque contra su voluntad, en provecho de los demás.

San Gregorio Magno

Texto del Evangelio

Marcos 1, 40-45 (leer).

Lecturas del VI Domingo del Tiempo Ordinario

Leer

Levítico 13, 1-2. 44-46. Vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento

Salmo 31, 1-2. 5. 11. Tú me perdonaste mi culpa y mi pecado

1 Corintios 10, 31 – 11, 1. Hacedlo todo para gloria de Dios

Otras citas bíblicas para meditar

Mateo 6, 1-4 (leer). Cuando des limosna, no lo vayas pregonando

Proverbios 27, 2 (leer). Que te alabe otro y no tu propia boca

Salmo 75 (74), 4-5 (leer). ¡Fuera arrogancias!

Preguntas para orar

1. ¿Rezo con humildad o le exijo a Dios que se acomode a mi voluntad?

2. ¿Vivo el pudor y la discreción? O, por el contrario, ¿me gusta exhibir mis cualidades y buenas acciones?

3. ¿Practico las obras de misericordia con los más necesitados?

Un comentario en “Sin ostentaciones

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