El sábado, Jesús entró en la sinagoga de Cafarnaúm y se puso a enseñar. La gente lo escuchaba con admiración. Notaban que había algo único en sus palabras, algo que claramente diferenciaba sus enseñanzas de la de otros maestros.

El hombre poseído en la sinagoga, James Tissot, 1896 (Brooklyn Museum, Nueva York)

Uno de los asistentes susurró al oído de su acompañante mientras señalaba a Jesús: «Sin duda, sabe de lo que habla; este sí que enseña con autoridad». El otro le preguntó: «¿Con qué maestro se habrá formado?». «Nadie lo sabe. Dicen que hasta ahora se dedicaba a la carpintería; trabajaba en el taller que había heredado de su padre…».

El cuchicheo se vio interrumpido por el fuerte grito de un hombre: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús se dirigió hacia el hombre que había gritado y con rostro serio lo increpó: «¡Cállate y sal de él!».

El hombre cayó en el suelo y comenzó a retorcerse con violencia. Nadie dudó de lo que pasaba: estaba poseído por un espíritu inmundo. El hombre gritó nuevamente con fuerza y, tras exhalar un suspiro, se quedó inmóvil. Jesús lo ayudó a levantar y lo entregó a su familia.

En la sinagoga se formó un barullo. La gente exclamaba estupefacta: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen. ¿Por qué el espíritu le habrá llamado Santo de Dios?».

Jesús, aprovechando el momento de confusión, se escabulló. El demonio trataba de adelantar su hora, pero Él sabía que todavía no había llegado. Ya llegaría el momento establecido por su Padre para revelar quién era, para mostrar de dónde le venía toda su autoridad.

No enseñaba como un maestro, sino como el Señor: no hablaba, apoyándose en otra autoridad superior, sino que hablaba él mismo con la autoridad que le era propia.

San Jerónimo

Texto del Evangelio

Marcos 1, 21-28 (leer).

Lecturas del IV Domingo del Tiempo Ordinario

Deuteronomio 18, 15-20 (leer).

Salmo 95 (94), 1-2. 6-9 (leer).

 1 Corintios 7, 32-35 (leer).

Otras citas bíblicas para meditar

Mateo 4, 16 (leer).

Isaías 52, 6 (leer).

Juan 5, 26-27 (leer).

Preguntas para orar

1. ¿Creo que Jesús es Dios, y no simplemente un personaje importante de la historia?

2. ¿De qué manera acojo las enseñanzas de la Iglesia, fundada por Jesucristo?

3. ¿Me dejo seducir por las palabras aduladoras del demonio o lo mando callar?

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