Juan no lo podía negar: la gente estaba muy entusiasmada con él. Algunos afirmaban incluso que él era el Mesías esperado. Por eso, Juan se vio en la necesidad de aclarar la situación: «Yo no soy el Mesías. Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».

El Bautismo de Cristo, Juan de Pareja, Siglo XVII (Museo del Prado, Madrid)

Entonces aparece Jesús y le pide que lo bautice. Juan duda: «¿Cómo te voy a bautizar yo a ti? ¡Deberías tú bautizarme a mí!». Jesús insiste y el Bautista finalmente cede. Juan sumerge a Jesús en las aguas del Jordán. Parece como si el tiempo se suspendiera…

Al salir del agua, Jesús ve que se rasgan los cielos. El Espíritu Santo, como una paloma, desciende sobre Él y se oye la voz del Padre desde los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en quien me complazco». Es la manifestación de Jesús como el verdadero Mesías de Israel y el Hijo de Dios. Ahora sí, su vida pública ha iniciado.

Jesús, que no tenía pecado, se ha dejado bautizar como si fuera un pecador más. Ha aceptado e inaugurado su misión de Siervo doliente: como había predicho el profeta Isaías, Él cargará con el pecado del pueblo y con sus consecuencias. Sí, el Hijo de Dios, al sumergirse en el agua por completo, ha abrazado la muerte.

Con total confianza, Jesús se somete por completo a la voluntad del Padre. Su obediencia absoluta y humilde repara la desobediente soberbia de Adán. Si el pecado original cerró las puertas del paraíso para el hombre, Jesús las abre de nuevo: ¡La muerte no ha tenido la última palabra! El Padre se complace en su Hijo y su Amor, el Espíritu Santo, se derrama sobre su Humanidad. El agua ha quedado santificada por Dios. Ahora, todos los que crean podrán ser vivificados por ella.

Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con Él; descendamos con Él para ser ascendidos con Él; ascendamos con Él para ser glorificados con Él.

San Gregorio Nacianceno

Texto del Evangelio

Marcos 1, 7-11 (leer)

Lecturas de la Misa del Bautismo del Señor

Primera lectura: Isaías 42, 1-4. 6-7 (leer)

Salmo 29 (28), 1-4. 9-10 (leer)

Segunda lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34-38 (leer)

Otras citas bíblicas para meditar

Juan 4, 13-14 (leer)

Juan 7, 37-39 (leer)

Isaías 53, 11-12 (leer)

Preguntas para orar

1. ¿Soy consciente de la importancia de estar bautizado? ¿Celebro la fecha de mi bautismo?

2. ¿Vivo la virtud de la obediencia? ¿De qué maneras puedo vivirla mejor?

3. ¿Me duele haber ofendido a Dios por mis pecados?

Un comentario en “Fuente de vida eterna

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