Más de una vez Jesús había encontrado a los discípulos discutiendo sobre cuál de ellos era el más importante. Y más de una vez el Señor les había dicho: «El que quiera ser el primero que se haga el servidor de todos». Pero parecía que por un oído les entraba y por el otro les salía.

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El Juicio Final, Fra Angélico (Museo Nacional de San Marcos, Florencia)

Sabiendo que su vuelta al Padre era inminente, Jesús no desperdició la oportunidad para insistir en este punto: «Habéis sido testigos de que varias veces la multitud quiso hacerme rey, pero yo le rehuí. En verdad os digo que llegará el día en que el Hijo del hombre sí se sentará en el trono de su gloria. Y vosotros, que sois sus servidores más cercanos, querréis reinar con Él, ¿verdad?»

Los discípulos asintieron. A alguno le brillaban los ojos, pensando: «¡Por fin llega el momento!». Jesús siguió diciendo: «Pues os aseguro que todo aquel que sirva al Rey reinará con Él. Cuando llegue el momento del juicio, Él les dirá: “Venid, benditos de mi Padre, y heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Entonces, ellos preguntarán: “Mi Rey, ¿cuándo te vimos así y te socorrimos?”. Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.

» En cambio, a quienes se negaron a servir al Rey, Él les dirá: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos así y no te asistimos?”. Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.

» Por eso, os digo: si queréis reinar, servid a vuestro Rey. Y lo serviréis cada vez que encontrándoos con vuestros hermanos los hombres no los despreciáis ni tiranizáis, sino que los tratáis con misericordia. Así reinaréis con vuestro Rey, porque para Él reinar es amar».

Estas dos cosas nos pide el Señor: amor de Su Majestad y amor del prójimo; es en lo que hemos de trabajar. Guardándolas con perfección, hacemos su voluntad […]. La más cierta señal que —a mi parecer— hay de si guardamos estas dos cosas, es guardando bien la del amor del prójimo; porque si amamos a Dios no se puede saber (aunque hay indicios grandes para entender que le amamos), mas el amor del prójimo, sí.

Santa Teresa de Jesús

Texto del Evangelio

Mateo 25, 31-46 (leer).

Lecturas de la Solemnidad de Cristo Rey

Ezequiel 34, 11-17 (leer).

Salmo 23 (22), 1-6 (leer).

1 Corintios 15, 20-28 (leer).

Otras citas bíblicas para meditar

Apocalipsis 5, 1-14 (leer).

Salmo 29 (28), 10-11 (leer).

Juan 6, 15 (leer).

Preguntas para orar

1. ¿Es Jesucristo mi Rey? ¿Lo sirvo con amor y alegría?

2. ¿Procuro mantener en todo momento un espíritu de servicio?

3. ¿Vivo las obras de misericordia con mis hermanos?   

Un comentario en “Reinar es amar

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