Jesús sabía que se aproximaba su hora. En menos de tres días sería apresado, flagelado y crucificado. Poco a poco, había ido preparando a sus discípulos para los acontecimientos que se acercaban, pero ellos aún no le entendían del todo.

La parábola de las vírgenes prudentes y necias, William Blake (Metropolitan Museum of Art, Nueva York)

«Ya llega el día —les decía Jesús— en que no estaré con vosotros. Sin embargo, no temáis: el Padre os enviará otro Paráclito que estará con vosotros siempre. En verdad os digo que el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará y recordará lo que os he dicho. Aquel que guarde mi Palabra, ese es quien realmente me ama y a ese vendré con el Padre, y junto con el Espíritu, moraremos en él.

» Pero estad atentos: guardad mi Palabra con obras y de verdad. No basta con decir “Señor, Señor”, si vuestra conducta no manifiesta vuestra fe. No seáis como las vírgenes necias de la parábola que os voy a contar:

» Diez vírgenes fueron invitadas a una boda. Cada una de ellas tenía una lámpara. Cinco, como eran prudentes, llevaron consigo alcuzas de aceite para encender la lámpara; las otras, necias, para no cargar con nada más, no se proveyeron de aceite.

» Sin embargo, el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”. Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.

» Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Velad con el corazón, con la fe, con la esperanza, con la caridad, con las obras. Preparad las lámparas, cuidad de que no se apaguen, alimentadlas con el aceite interior de una recta conciencia; permaneced unidos al Esposo por el Amor, para que Él os introduzca en la sala del banquete, donde vuestras lámparas nunca se extinguirán

San Agustín

Texto del evangelio

Mateo 25, 1-13 (leer).

Lecturas de la Misa del Domingo

Sabiduría 6, 12-16 (leer).

Salmo 62, 2-8 (leer).

1 Tesalonicenses 4, 13-18 (leer).

Otras citas bíblicas para meditar

Juan 14, 22-26 (leer).

Mateo 7, 21-23 (leer).

1 Juan 3, 18 (leer).

preguntas para orar

1. ¿Tengo la costumbre de examinar mi conciencia?

2. ¿Por qué crees que las vírgenes prudentes no dieron aceite a las necias?

3. ¿Soy dócil al Espíritu Santo? ¿Me dejo guiar por sus inspiraciones?

Un comentario en “Lámparas encendidas

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