La muchedumbre se agolpaba en torno a Jesús. Él, a duras penas, consiguió abrirse paso y comenzó su ascenso hacia la cima de la colina que tenían al lado. Más de la mitad del gentío decidió entonces volver a sus casas; ya habría tiempo de escuchar nuevamente al Maestro sin necesidad de subir al monte. Unos cuantos, sin embargo, siguieron a Jesús cuesta arriba.  

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Sermón de la Montaña, Fra Angélico (Convento dominico de San Marcos, Florencia)

Al llegar a la cumbre, Jesús se sentó. El Señor observaba sonriente cómo, poco a poco, varios hombres y mujeres alcanzaban también la cima y se acercaban adonde Él estaba. Entonces, tomó la palabra y dijo: «Cuánto me alegra que hayáis venido hasta aquí, a pesar del esfuerzo de la subida. ¡Bienaventurados vosotros, cuyo amor a Dios supera todo miedo, prueba o dificultad!

»Os aseguro que, como discípulos, tendréis que “subir montes” más difíciles: os enfrentaréis al monte de la avaricia, que superaréis con vuestro desprendimiento; al monte de la ira, que superaréis con vuestra mansedumbre; al monte de la frivolidad, que superaréis con vuestra conciencia bien despierta; al monte de la injusticia, que superaréis con vuestra justicia; al monte de la indiferencia, que superaréis con vuestra compasión; al monte de la lujuria, que superaréis con vuestra pureza; al monte de la división, que superaréis con vuestra paz; al monte de la mentira, que superaréis con vuestra verdad; al monte del odio, que superaréis con vuestra caridad y alegría.

»Si venís tras de mí, sin rendiros ante cualquiera de esos montes, por muy alto que parezca, os aseguro que seréis felices. Sí, eso os digo:

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Texto del evangelio

Mateo 5, 1-12 (leer)

Lecturas de la Misa del Domingo

Apocalipsis 7, 2-4. 9-14 (leer)

Salmo 24 (23), 1-6 (leer)

1 Juan 3, 1-3 (leer)

Otras citas bíblicas para meditar

Levítico 11, 44-45 (leer).

Mateo 5, 48 (leer)

1 Pedro 1, 14-16 (leer).

Preguntas para orar

¿Voy detrás de Jesús aunque me implique ir “cuesta arriba”?

¿Quiero ser santo? ¿Se corresponden mis obras con este deseo?

¿Me doy cuenta de que la santidad es la verdadera felicidad?  

Un comentario en “Hacia la cima

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