Los sumos sacerdotes Caifás y Anás, y algunos ancianos del pueblo observaban con desconfianza a Jesús. Él también los veía, pero su mirada no reflejaba desconfianza, sino una honda decepción.

Parábola del gran banquete (Museo Nacional de Varsovia).

«No os imagináis cuánto desea Dios reuniros en torno a Él como un padre reúne a los hijos en torno a la mesa —les aseguraba Jesús— o como la gallina cobija bajo las alas a sus polluelos… ¡pero no queréis! Vuestra dureza de corazón y vuestros intereses mezquinos y rastreros os impiden ver el gozo y la vida en abundancia que os tiene preparados el Padre.

» Ahora, escuchad esta parábola: “El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

»Entonces, el rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos, y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

»Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

» ¿Entendéis lo que esto significa? —preguntó Jesús—. En verdad os digo que hay quienes son invitados al banquete, pero rehusan participar, dando la espaldas por sí mismos a la alegría. Otros, por su parte, quieren participar; sin embargo, no se disponen para ello. Su deseo está “mudo” de obras; sus intenciones son buenas, pero no las llevan a la práctica.

»Os aseguro: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

Texto del evangelio

Mateo 22, 1-14 (leer).

Lecturas de la Misa del Domingo

Isaías 25, 6-10 (leer).

Salmo 23 (22), 1-6 (leer).

Filipenses 4, 12-13 (leer).

Otras citas bíblicas para meditar

Mateo 23, 37 (leer).

Efesios 1, 16-18 (leer).

Salmo 34 (33), 11 (leer).

Preguntas para orar

1. ¿Cuáles son las prioridades en mi vida?

2. ¿Quiero ir al Cielo? ¿Es un deseo “mudo” o lo reflejan mis obras?

3. ¿Dónde está la alegría para mí?

Un comentario en “Los elegidos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s