Simón no cabía en sí de felicidad. Jesús acababa de admitir que era el Mesías, el Hijo de Dios, y le había cambiado el nombre a él, a Simón, por el de Pedro, porque sería la piedra sobre la que edificaría su Iglesia. La alegría de Pedro, sin embargo, desapareció muy pronto.

Cristo coronado con espinas, Gerard van Honthorst (Rijksmuseum, Amsterdam)

«Que sepáis —dijo Jesús a los discípulos— que tengo que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas. Se burlarán de mí, seré el hazmerreír de la multitud y proclamar la palabra del Señor será para mí motivo de oprobio y desprecio. Seré ejecutado, pero resucitaré al tercer día».

La gracia del Señor vale más que la vida

Pedro no podía creer lo que estaba escuchando de labios del Maestro. Lo tomó aparte y lo increpó: «Señor, ¡lejos de ti tal cosa! ¿Cómo que eres el Mesías y serás ejecutado? Eso no puede pasarte».

Jesús le dio la espalda a Pedro y gritó: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios. No entiendes que la gracia del Señor vale más que la vida».

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?

Y, dirigiéndose a todos los discípulos, Jesús les dijo: «No os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios: qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

»En verdad os digo: si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí ese la encontrará. Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

»Os aseguro: el Hijo del hombre será humillado, pero al final de los tiempos vendrá con la gloria de su Padre entre sus ángeles y entonces pagará a cada uno según su conducta.

Texto del Evangelio

Mateo 16, 21-27 (leer).

Las otras lecturas de la Misa dominical

Jeremías 20, 7-9 (leer).

Salmo 63 (62), 2-9 (leer).

Romanos 12, 1-2 (leer).

Otras citas bíblicas para meditar

Gálatas 5, 16-17 (leer).

Salmo 143 (142), 10 (leer).

Isaías 55, 8-9 (leer).

Preguntas para orar

1. ¿Soy dócil? ¿Me dejo guiar por Dios? ¿Le impongo mis planes?

2. ¿Cargo mi cruz de cada día con alegría?

3. ¿Le doy prioridad a los bienes materiales o al bien de mi alma?

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