La barca tocó tierra. Jesús y sus discípulos contemplaron la playa vacía. Pedro comentó emocionado: «Y pensar, Maestro, que hasta hace unos minutos miles de personas estaban aquí escuchándote». «¡Todo un éxito! —añadió Tomás—. Yo calculo que había más de cuatro mil». Jesús sonrió y, como si no hubiese oído, dijo: «Vamos a casa a comer y descansar».  

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Parábola del tesoro escondido. Atribuido a Rembrandt y a Gerrit Dou (Museum of Fine Arts, Budapest)

Después de la cena, Jesús llamó aparte a Pedro y a Tomás. Les preguntó: «Amigos, ¿a qué se parece el Reino de los Cielos?». Pedro le respondió: «Hoy has dicho a la gente que se parece al grano de mostaza y a la levadura que fermenta el pan. También se parece a la semilla que, dependiendo de la tierra en la que caiga, germina y da fruto, y que a veces crece junto a la cizaña».

El Reino de los Cielos no lo hacen los grandes números

«Bien dicho —afirmó Jesús—. Ahora, escuchad otras dos parábolas. El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo. Un hombre lo encontró, vendió todo lo que tenía y compró el campo donde estaba escondido el tesoro. Asimismo, el Reino se asemeja a un comerciante que busca perlas finas y que, al encontrar una de gran valor, vende todo lo que tiene y la compra».

Tomás preguntó: «¿Qué quieren decir estas parábolas?». Jesús les explicó: «El Reino de los Cielos no lo hacen ni las multitudes ni los grandes números, sino quienes, aun siendo pocos e insignificantes como el grano de mostaza, viven sin mediocridad el Evangelio que os anuncio y que son capaces de darlo todo, como el comerciante de perlas, por el Reino. Quien supedita todo al amor de Dios y al prójimo edifica el Reino de Dios.

Amad a Dios y vivid conforme a lo que Él quiere

» Por eso, también os digo: el Reino se parece a la red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Luego, los pescadores la sacan a la orilla, ponen en cestos los peces buenos y tiran los malos. Así, al final de los tiempos, serán separados los justos que aman a Dios y viven de cara a Él de los que, incluso oyendo su Palabra, no la ponen por obra. ¿Entendéis?».

Pedro y Tomás asintieron. Jesús los invitó entonces a volver con el grupo. De camino, les aconsejó: «Pedid siempre al Padre el discernimiento necesario para hacer en cada momento su voluntad. Amad a Dios y vivid conforme a lo que Él quiere: ese el criterio y la garantía del verdadero éxito».  

Texto del Evangelio

Mateo 13, 44-52 (leer).

¿Qué puedo aprender de la palabra de Dios?

Es necesario y agrada a Dios pedir el don del discernimiento (1 Reyes 3, 5-14, leer).

Es más valioso vivir conforme a la voluntad de Dios que tener muchas riquezas (Salmo 119 (118), 72-73, leer).

Para los que aman a Dios todo es para bien (Romanos 8, 28-30, leer).

«Ama la sabiduría y te enaltecerá; abrázala y te honrará» (Proverbios 4, 1-9, leer).

Puedes rezar Sabiduría 9, 1-6 como una bella oración para pedir el don de sabiduría (leer).

El amor a Jesucristo y su seguimiento es más importante que todo lo demás (Mateo 19, 21, leer).  

Preguntas para meditar y orar

1. ¿Me dejo fascinar por lo espectacular? ¿Desprecio lo ordinario y lo pequeño?

2. ¿Supedito todo en mi vida al amor de Dios?

3. ¿Le pregunto al Señor qué quiere de mí? ¿Le pido el don del discernimiento?

Un comentario en “El secreto del éxito

  1. Hoy a prendí de la palabra que debo pedir a Dios sabiduría y Amarlo sin medidas que el se encarga de lo demás. No importa la multitud ni el número ; debo vivir sin medioquidad el Evangelio.

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