Andrés golpeteaba el suelo con el pie. Lo hacía de forma inconsciente cada vez que sentía miedo. Su hermano Pedro había mandado trancar las puertas del lugar donde se encontraban junto con los otros discípulos. ¿Qué pasaría si quienes habían condenado a muerte a Jesús, su maestro, los hallaban?

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Pentecostés, Antonio Palomino y Velasco (Museo Nacional del Prado)

De repente, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». El pie de Andrés se detuvo. Pedro miró en dirección a la puerta: seguía cerrada. ¿Estarían viendo el fantasma del maestro?

Recibid el Espíritu Santo

Jesús, sabiendo lo que pensaban, les mostró entonces las manos, en las que podían verse los agujeros de los clavos con que lo habían crucificado. También les enseñó el costado, rasgado por la lanza que lo había atravesado después de morir. El ambiente cambió por completo; el miedo se disipó, los discípulos se llenaron de alegría. Era verdad lo que les había contado la Magdalena: ¡El Señor había resucitado!

Jesús repitió: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Entonces sopló fuerte sobre ellos. Los discípulos sintieron que el aire refrescaba su rostro y que luego entraba por sus narices, bajando hasta el pecho, donde se convertía en un ardor intenso cuyo calor subía hasta la boca y quemaba su lengua.

Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba

Mientras experimentaban estas sensaciones, Jesús les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. Proclamada a las gentes de toda lengua y nación las maravillas de Dios, la conversión y el perdón de sus culpas. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.

» Id al mundo entero y anunciad el Evangelio a toda criatura. Predicad esto que os digo: Que si alguno tiene sed de salvación y de vida, que venga a mí; y beba el que cree en mí. Porque como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva. Esta agua viva es el Espíritu Santo que habéis recibido y que recibirá todo aquel que crea en mí.

Textos del evangelio

Vigilia de Pentecostés: Juan 7, 37-39 (leer).

Misa del día de Pentecostés: Juan 20, 19-23 (leer).

«Como dice la Escritura…»

Hechos 2, 1-11 (leer).

Salmo 104 (103), 29-30 (leer).

1 Corintios 12, 3-13 (leer).

Ezequiel 37, 1-14 (leer).

Joel 3, 1-5 (leer).

Génesis 11, 1-9 (leer).

Preguntas para meditar y orar
  1. ¿De qué manera tengo presente al Espíritu Santo en mi vida?
  2. ¿Bebo del agua viva de la Eucaristía y de la Palabra de Dios?
  3. ¿Tengo lengua de fuego que anuncia el Evangelio a todos?
En contexto

En el Nuevo Testamento aparecen dos envíos del Espíritu Santo. El primero, el mismo día de la resurrección, se narra en el Evangelio de San Juan (20, 19-23); el segundo, el día de Pentecostés, se lee en los Hechos de los Apóstoles (2, 1-11). Los símbolos ligados al Espíritu Santo son diversos: aire, fuego, agua… En cualquier caso, Jesús cumple su promesa y envía un nuevo Paráclito que acompaña a la Iglesia en la misión de evangelizar toda la tierra.

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