Saúl el fariseo apretó los dientes con rabia y lanzó una mirada feroz a Jesús. ¿Quién se creía aquel nazareno para insinuar que los fariseos eran pecadores? «Si fuerais ciegos —había dicho Jesús— no tendrías pecado, pero decís: “Nosotros vemos”; por eso, vuestro pecado permanece». ¿Qué pecado había en ver?, pensaba Saúl. ¿No era más bien al revés, que la ceguera era consecuencia del pecado?

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@alba13 (Cathopic)

Jesús miró a Saúl y después paseó su mirada por los circunstantes. Dijo: «¿Habéis visto que los pastores, al oscurecer, llevan sus rebaños a un mismo redil y durante la noche un guardia los cuida? Cuando se hace de día, el guardia abre la puerta a los pastores y cada uno llama a sus ovejas; estas salen tras su pastor, camino a los pastos.

»Pues en verdad, en verdad os digo: quien no entra por la puerta del redil, sino que salta por otra parte, es un ladrón. Y si el ladrón llama a las ovejas, no le seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Si alguno entra a través de mí, se salvará

La gente se encogía de hombros, no entendían a qué venía todo eso. Jesús clavó su mirada en Saúl y afirmó: «Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí, los que quieren entrar antes de que se abra la puerta, son ladrones, pero las ovejas no les escucharon, porque no hallan en ellos palabras de vida eterna. Yo soy la puerta —repitió Jesús—, solo a través de mí pasa el auténtico pastor, solo a través de mí entran las ovejas para estar seguras y salen para encontrar pastos. Si alguno entra a través de mí, se salvará».

Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia

«¡Esto es intolerable!», gritó Saúl. «Estas loco. ¿Pretendes ser nuestro salvador? ¡Estás endemoniado! Y los endemoniados merecen la muerte». Jesús no se exaltó a pesar de la amenaza. Respondió: «El ladrón no viene sino a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

«¿Vida? ¿Qué vida puedes darnos tú? Ya lo hemos dicho: eres un loco y un endemoniado, Jesús de Nazaret. Lo veo claramente». Al pronunciar las últimas palabras, Saúl sintió que se quedaba sin aliento. Cerró los ojos; en su mente se habían juntado sus palabras y las de Jesús: «Lo veo claramente», «Pero decís: “Nosotros vemos”, por eso, vuestro pecado permanece». En su interior resonó una invitación: «¿Entrarás por la puerta?».

Texto del Evangelio

Juan 10, 1-10 (leer).

¿Has entrado por la puerta de la Palabra de Dios?

Hechos 2, 38-41 (leer).

Salmo 23 (22), 1-4 (leer).

1 Pedro 2, 25 (leer).

Isaías 53, 6 (leer).

Ezequiel 34, 5-16 (leer).

Mateo 7, 13-14 (leer).

Tiempo para hablar con el Señor
  1. ¿Miro a Jesús con prejuicios? ¿Pretendo que Dios se acomode a mis esquemas?
  2. ¿Sigo el ejemplo de Jesús que vino a dar su vida? ¿Soy un “ladrón” que destruye?
  3. ¿Rezo para que los sacerdotes sean pastores a imagen de Jesucristo, Buen Pastor?

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