María no conseguía salir de su asombro. Tres hombres ricamente ataviados, que decían ser Magos provenientes de Oriente, estaban a la puerta; le aseguraban que habían visto aparecer en el cielo la estrella del Rey de los Judíos. «Llegamos a Jerusalén —contaba uno de ellos— pensando que estaría allí, pero Herodes nos dijo que viniéramos a Belén. Y, en efecto, al emprender el camino, la estrella que vimos en Oriente reapareció en el firmamento y nos condujo hasta aquí».

Reyes Magos dan regalos al Niño

Al fondo se escuchó el llanto de un bebé. Baltasar, uno de los Magos, ingresó atrevidamente en la casa, sin siquiera pedir permiso, y se postró ante el Niño. Los otros dos, Gaspar y Melchor, tras una venia a María, también entraron y llevaron sus frentes hasta el suelo. Silencio absoluto. De repente, la Virgen, que también se había postrado, escuchó cómo los Magos oraban en su lengua. Ella, en su interior, repetía las palabras que había dicho ante su pariente Isabel: «Proclama mi alma la grandeza del Señor… Su nombre es Santo y su misericordia llega a quienes lo temen de generación en generación».

Oro para el Rey del Universo

Los Magos se pusieron de pie. «Espérenos un momento», dijeron a María. Fueron a sus camellos y desmontaron varios cofres. En ese instante llegó José, el esposo de María, sorprendido por la presencia de esos personajes tan misteriosos. Antes de que pudiese preguntar quiénes eran, escuchó la voz de su esposa: «José, ayúdalos. Son Magos de Oriente que han venido a adorar al Niño».

Incienso para el Hijo de Dios

Tras entrar en la casa nuevamente, los Magos se postraron por segunda vez ante Jesús. Luego, abrieron uno de los cofres: estaba repleto de monedas de oro. Habló Melchor: «Oro para el Rey de los judíos, para el Rey del Universo. Sea bendito y alabado el Dueño de toda la creación».

Abrieron el segundo cofre: incienso amarillento y rojizo. Habló Gaspar: «Incienso para el Hijo de Dios. Que se apiade de nosotros y escuche nuestras suplicas». Entonces José se estremeció y rogó en su corazón: «Señor, ayúdame a custodiar a tu Hijo».

Mirra para el Hijo del Hombre

Antes de abrir el último cofre, Baltasar miró a María a los ojos. Ella miró a su hijo y se le escaparon un par de lágrimas. Baltasar abrió entonces el cofre y, con voz quebrada, dijo: «Mirra para el Hijo del Hombre, varón de dolores, que salvará a su pueblo de sus pecados».

Los tres Magos, antes de marcharse, se postraron por tercera y última vez ante el Niño Jesús: a los pies de la cuna dejaron los regalos más significativos de la historia.

texto del evangelio

Mateo 2, 1-12 (leer).

¿Lees la biblia?

Si no entiendes algún pasaje, no dudes en preguntar

Salmo 72 (71), 11 (leer).

Isaías 60, 1-6 (leer).

Juan 3, 16 (leer).

Levítico 24, 7 (leer).

Juan 19, 39-40 (leer).

Efesios 3, 2-6 (leer).

Preguntas para meditar y orar
  1. ¿Fue mi Navidad una Navidad “consumista”? ¿Me postré ante el Niño Jesús?
  2. ¿He leído la carta que el Papa Francisco escribió sobre el pesebre? (Leer).
  3. ¿Qué regalos puedo hacerle yo a Dios?

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