Juan llevaba varias semanas en la cárcel. Herodes, tetrarca de Galilea, lo había mandado apresar ante la insistencia de Herodías, que no soportaba escuchar que Juan, una y otra vez, les advertía que su unión no era lícita. Herodías, en efecto, estaba casada realmente con Filipo, hermano de Herodes, pero buscando una mejor posición social se había unido con el tetrarca de Galilea.

Jesu y Juan Bautista

Los discípulos de Juan, cada vez que podían, lo visitaban en la cárcel. En cierta ocasión Juan les preguntó por Jesús. Uno de ellos le dijo: «Maestro, mucha gente va detrás de él: aseguran que enseña con autoridad y no como los escribas. Cuentan que ha curado a varios enfermos, que expulsa demonios y que incluso resucitó a una niña. Pero Maestro, ese Jesús también tiene cosas raras. Los discípulos que andan con él no ayunan… Admite hasta publicanos entre sus seguidores… Tú decías que él bautizaría en Espíritu Santo y fuego, pero… no sé, es un poco extraño. ¿Sí es él a quien tú te referías?». Juan escuchó todo atentamente y se limitó a responder: «Vayan y pregúntenle si es él el que iba a venir o si debemos esperar a otro».

Bienaventurado el que no se escandalice de Mí

Los discípulos de Juan encontraron a Jesús rodeado por una multitud a la que estaba predicando. La mayoría de sus oyentes eran pobres, había unos pocos personajes distinguidos y también personas que habían sido curadas por Él: ciegos, paralíticos, leprosos. En cuanto pudieron, los discípulos de Juan lo interrogaron: «¿Eres tú el que iba a venir o debemos esperar a otro?».

Jesús se aproximó a uno de la multitud y dijo: «Este hombre era ciego y ahora ve; aquel era sordo y ahora oye…». Una mujer entre la multitud interrumpió a Jesús: «Mi hija había muerto y Él la resucitó». Entonces varios atestiguaron lo que Jesús había hecho por ellos. Él les dijo a los discípulos de Juan: «Vayan y anúncienle a Juan lo que están viendo y oyendo. Y bienaventurado el que no se escandalice de mí». Al oír esto último, el discípulo de Juan que había dicho que Jesús era un poco extraño se ruborizó, pero no dijo nada y se fue con sus compañeros.

No ha nacido de mujer nadie mayor que Juan el Bautista

Jesús habló a la multitud: «En verdad les digo que no ha nacido de mujer nadie mayor que Juan el Bautista. Muchos lo tienen por profeta. Yo les aseguro: es más que un profeta, es el precursor, quien ha preparado el camino al Mesías… pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Por eso, dispónganse para formar parte del Reino, hagan caso al anuncio de Juan: conviértanse.  Les prometo que recibirán el Espíritu Santo y un fuego que los encenderá en fe, esperanza y amor».

texto del evangelio

Mateo 11, 2-11 (leer).

Dios te habla en la Biblia

Tito 3, 4-7 (leer).

Hechos de los Apóstoles 2, 1-4 (leer).

1 Corintios 13, 13 (leer).

Isaías 35, 1-10 (leer).

Mateo 3, 1-17 (leer).

Mateo 14, 3-12 (leer).

Preguntas para meditar y orar
  1. ¿Me doy cuenta de que el mejor regalo que puedo recibir es el Espíritu Santo?
  2. ¿Es Jesús el protagonista de mi vida? ¿Vivo para Él?
  3. ¿Cómo está mi fe? ¿Sé ver la realidad con esperanza? ¿Practico la caridad?

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