Los discípulos subieron con Jesús al Monte de los Olivos. Estaban acostumbrados a que el Maestro buscara lugares solitarios para rezar, lejos de las multitudes. Tras estar un rato postrado, Jesús se sentó, se llevó las manos a la frente como si estuviera meditando y se quedó en silencio. Los discípulos percibían una intensidad especial en la oración de Jesús, pero no sabían explicar por qué: no se imaginaban, aunque él se lo había adelantado, que en tres días sería entregado para morir en la Cruz.

Jesus ora en el Huerto

Cuando Jesús retiró sus manos de la frente y alzó la vista se dio cuenta de que los discípulos lo miraban expectantes; querían preguntarle algo. Esbozó una sonrisa y les hizo una señal para que se acercaran. Uno de ellos le dijo: «Maestro, hemos estado conversando entre nosotros sobre el final del mundo. Algunos por ahí dicen que está cerca y pues… te oímos predecir la destrucción del Templo. ¿Tiene algo que ver? ¿Cómo podemos saber si el final es inminente?».

¡Estén vigilantes!

Jesús le respondió: «Nadie sabe el día ni la hora, solo el Padre. Sí hay algo, en cambio, que puedo recordarles: pronto el Hijo del Hombre será entregado para que lo crucifiquen, pero resucitará al tercer día y vendrá nuevamente». Antes de que empezaran a cuestionar la posibilidad de su crucifixión —¡ya Pedro se lo había reprochado!— Jesús continuó: «Lo mismo que pasó en los días de Noé, que no se dieron cuenta sino cuando llegó el diluvio y los arrebató a todos, así será en la venida del Hijo del Hombre. Por eso les digo: ¡Velen! ¡Estén vigilantes! Porque no saben qué día vendrá su Señor. Estén preparados, porque a la hora menos pensada llegará el Hijo del Hombre».

Obren conforme a la justicia, trabajen por la paz

Las preguntas de los discípulos no se hicieron esperar: «Señor, ¿en qué consistirá tu venida? ¿Cómo debemos prepararnos? ¿Qué significa estar vigilantes?». Jesús contestó: «Conmigo vendrán la justicia y la paz definitivas. Si quieren prepararse, pues, obren en sus vidas conforme a la justicia, trabajen por la paz verdadera: dichosos ustedes si tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados; dichosos si trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Vigilen, por tanto, para que no haya entre ustedes ni injusticia ni división, ni odio ni violencia, ni sea la suya una falsa justicia o una falsa paz».

Jesús se detuvo y señaló el lugar donde había estado postrado: «Y, para vigilar, oren: examínense ante Dios y denle gracias por los frutos que les conceda; pidan perdón por sus pecados y fortaleza para seguir sembrado justicia, paz y alegría».

Texto del evangelio

Mateo 24, 37-44 (leer).

DIos te habla: ¿Le escuchas?

Isaías 2, 1-5 (leer).

Salmo 122 (121), 1-9 (leer).

Romanos 13, 11-14 (leer).

Colosenses 4, 2 (leer).

1 Pedro 3, 10-12 (leer).

1 Pedro 5, 8 (leer).

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Examino mi conciencia? ¿Lo hago en presencia de Dios o solo pienso en mí?
  2. ¿Acostumbro agradecer a Dios sus dones y los bienes que me concede?
  3. ¿De qué manera fomento la justicia a mi alrededor? ¿Trabajo por la paz?

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